OP 1020 Las Virtudes del Modelo

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Desde mediados de 1980 los índices de crecimiento económico de Chile han sido muy altos, excediendo por mucho los del promedio mundial. El país parece estar en un proceso de rápida convergencia hacia los niveles de ingreso de los países desarrollados, destacando por su sólido marco institucional, políticas macroeconómicas estables y un Estado que busca impulsar la competitividad e interconectividad. Desafortunadamente, esta historia es relativamente reciente si se mira desde una perspectiva de largo plazo.

Desde los años 30 hasta principios de la década del 70, en Chile imperaba un modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones. Más que nada, la industria debía estar protegida de la competencia extranjera, por lo que se impusieron cuotas de importación, se establecieron múltiples tipos de cambio y debía haber disponibilidad de crédito barato para que las empresas industriales pudieran acomodar su inversión. La permanencia forzada de este modelo económico, desprovisto de las ventajas del intercambio global, luego de que el resto del mundo se había abierto al intercambio, explica una gran parte del deficiente desempeño económico de un país que crecía a tan solo 1,5% promedio.

Sin embargo, esta fase llegaría a su fin a mediados de los 70, período en el cual Chile da un gran salto y adopta una economía social de mercado, caracterizada por manejar una economía abierta, posicionando el esfuerzo de miles de emprendedores como motor del crecimiento y relegando el papel del Estado a un rol subsidiario, y convertirse en proveedor de beneficios sociales para los grupos más vulnerables, que se mantenían alejados del beneficio económico que significaba la apertura comercial. Durante este período, el PIB de Chile creció muy por encima que el de los países desarrollados y en especial que el de sus vecinos de América Latina, con un incremento de 268% entre 1990 y 2012. Pero más que las cifras que acompañan el desarrollo económico, interesa evaluar si esto se ha traducido en oportunidades para las personas de gozar de los mayores recursos y mejorar su calidad de vida.

¿Cómo el modelo ha sido capaz de convertir dicha evolución en bienestar?

Las cifras son incuestionables. Los niveles de pobreza se han reducido desde un 45,1% en los 80 a un 14,4% en la actualidad. La esperanza de vida al nacer era de 67 años a fines de los 70, hoy estamos viviendo 10 años más. En 1970, el 33,5% de los jóvenes entre 14 y 19 años asistía a educación media. Hoy lo hace el 91% y si en los 90 el 15% de los jóvenes entre 18 y 24 asistían a educación superior, hoy lo hace un 50%.

De todo lo anterior, se desprende que no es casualidad que Chile se posicione como la economía líder en América Latina, sino que responde a las políticas económicas aplicadas desde la liberación de la economía, que han elevado la eficiencia global de la producción, conseguido estabilidad macroeconómica, pero que por sobre todo, ha permitido elevar la calidad de vida de sus habitantes de forma asombrosa. Esperemos que esto no se vea opacado durante los próximos años.

 

AUTOR: Gustavo Díaz; Economista