Nº89 Chile vamos y la imperiosa necesidad de reforzar su institucionalidad

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¿Por qué importan las coaliciones?

El término de una coalición ocurre previamente a la derrota política y electoral que sufren sus candidatos y partidos posteriormente. Por ello, es relevante que Chile Vamos discuta profundamente estos temas, considerando que estos son años no electorales, con el fin de mantener la unidad que ha mostrado hasta ahora, pero también para analizar las debilidades, oportunidades y riesgos que se observan hacia adelante.

Construir coaliciones solidas es creer que la política es una acción colectiva, donde prima una visión más pragmática para conseguir consensos internos y externos. En política, pocas veces tienen la posibilidad de gobernar quienes se aferran a una trinchera ideológica. Por ello, estar en una coalición demanda hacer lecturas correctas de los contextos y contar con la capacidad para adaptarse a los cambios sociales, además de conllevar compromiso, voluntad y cooperación de cada uno de sus actores.

Comúnmente, la mayor parte de la literatura sobre coaliciones se ha enfocado en los países con un régimen parlamentario, sobre todo porque en dichos lugares los gobiernos requieren de una mayoría en el parlamento para llegar o mantenerse democráticamente en el poder. En esos casos, la conformación de coaliciones depende del peso de los partidos que participan del juego político en el ámbito del poder legislativo, que revisarán los incentivos y desincentivos de sumarse a otros partidos, comparando las ventajas y desventajas de los movimientos políticos que se realicen. Desde esta perspectiva, cobra interés el estudio de los partidos y sistemas de partidos.

En el caso de Chile, es relevante el tema de las coaliciones en un sistema presidencial porque cuando existen tantos partidos y actores en la escena política nacional, se acentúa la necesidad de coaliciones que permitan enfrentar la fragmentación del sistema político, más aún cuando la coalición de gobierno se tiene que relacionar con diversas oposiciones desde el centro a la extrema izquierda.

Además, la mayor parte de la historia política nacional ha estado caracterizada por el activo rol de los partidos y las coaliciones que crean para unirse en torno a ciertos fines. A la par, el cambio del sistema binominal por uno más proporcional en las elecciones parlamentarias, reforzó la idea de las coaliciones. De hecho, a Chile Vamos le fue mejor en las recientes elecciones porque escogió la unidad en lugar de la división.

En palabras generales, las coaliciones se estructuran bajo partidos mayoritarios y se forman cuando estas entidades pretenden llegar al poder, conservar su estatus o mejorar su posición actual. También se generan porque a nivel de sociedad se producen profundas fisuras que modifican sustancialmente el paisaje político y dan surgimiento a nuevos partidos. En términos teóricos, ciertos eventos pueden motivar que un partido pase de una coalición a otra, cuando las recompensas futuras a nivel de cargos o influencias en políticas públicas sean considerables. Es decir, estos cambios se dan cuando los beneficios son mayores a los costos de una decisión de ese tipo. Por el contrario, si las condiciones son peores o incluso similares, la tendencia natural de los partidos es mantenerse en su estado.

Por ejemplo, en 2009 para el Partido Comunista era suficiente hacer un pacto electoral por omisión con la Concertación para llegar al Congreso por primera vez desde 1973, pero en cambio en 2013 se sumó explícitamente a los partidos de la Concertación en la Nueva Mayoría, porque veía que así llegaría a La Moneda con Michelle Bachelet, sería parte del gabinete de ministros y al menos mantendría su representación en la Cámara de Diputados. En contraste, el Frente Amplio en 2017 apostó que era más rentable en ese momento construir una tercera fuerza política, que llegar a acuerdos con otros partidos.

Del mismo modo, factores institucionales o reglas del juego limitan o condicionan la conformación de coaliciones, como lo fue la influencia del sistema electoral binominal en la política nacional desde los noventa, lo cual explicó en gran medida la poca flexibilidad que evidenciaron las coaliciones políticas más grandes en nuestro país.

En todo caso, los partidos no constituyen los únicos actores de las coaliciones políticas. En el contexto presidencial chileno, los conglomerados deben contar con la capacidad de incluir a fuerzas y movimientos que han surgido en los últimos tiempos, que no hayan tenido buenos resultados electorales o cuyos intereses no pasen por transformarse formalmente en partidos, siempre y cuando estos permitan ampliar la oferta programática y faciliten la renovación de liderazgos, captando nuevas demandas de la población.

Desde una perspectiva democrática, coaliciones estables y partidos con alto arraigo social aminoran la posibilidad de crisis graves o quiebres institucionales, porque estos son capaces de procesar los disensos y conflictos de manera formal. La estabilidad política produce efectos positivos para las naciones en temas sociales y económicos, así como en la elaboración de leyes y políticas públicas. Por todo lo anterior, coaliciones solidas constituyen un valor democrático en sí mismo. La necesidad de lograr acuerdos o establecer consensos son elementos básicos para el funcionamiento del sistema político, independiente del gobierno de turno.

Igualmente, con instituciones sólidas y legitimadas los países se sobreponen más rápido a las inevitables adversidades y ponen restricciones al ejercicio ilimitado del poder. En la misma línea, poseer instituciones políticas vigorosas frena el populismo, la irresponsabilidad fiscal y la demagogia.

Diferenciar entre gobierno y sus partidos

Un aspecto vital es comprender que la función de gobierno es distinta a la labor de los partidos políticos. Aunque parezca obvio, muchas veces dichos conceptos se confunden, sobre todo para militantes de base o dirigentes que se desenvuelven en ambas esferas. Si bien las tareas y funciones que tienen son diferentes, el gobierno y los partidos de gobierno hoy comparten la búsqueda de la mayor coordinación y diálogo posible, en el cuadro de un proyecto político común. No entender esta distinción nos llevaría a buscar el poder por el poder y ver al Estado como un botín o agencia de empleo.

Por un lado, los partidos políticos de gobierno a través de sus estructuras pueden canalizar demandas sociales que vayan apareciendo, difundir las principales acciones del gobierno, defender medidas que se tomen y articular espacios con los partidos de oposición, todo esto con una adecuada gestión política y territorial. Así, cuando lleguen los momentos más duros y adversos que todo gobierno sufre, no existirá mejor apoyo que el leal respaldo de partidos que se sienten partícipes de un proyecto colectivo y que están dispuestos a respaldar las políticas que se han implementado.

Además, los partidos de Chile Vamos deben comenzar su trabajo con miras a las elecciones municipales y de gobernadores regionales de 2020. Sabemos que las elecciones municipales de 2008, 2012 y 2016 han sido buenos predictores de las elecciones presidenciales del año siguiente, por lo que es fundamental construir desde ya las bases del segundo gobierno de Chile Vamos. Si al gobierno le va bien, aumentan las chances de ganar la elección presidencial que viene, pero esto no será suficiente si no hay un respaldo fuerte a nivel de partidos.

Por otra parte, en el sistema presidencial nacional quien ocupa el puesto de mandatario tiene un rol clave en la política nacional y en la formulación de leyes, porque cuenta con herramientas institucionales para generar apoyos en el Congreso y generar diferencias con el resto de los actores políticos. Así, por medio del ingreso de proyectos de ley, urgencias, indicaciones y vetos, el gobierno va construyendo una acción política a corto y mediano plazo que tiene que ser coherente con el rumbo de la coalición.

A su vez, a partir de la experiencia de las últimas tres elecciones presidenciales, podemos decir que el resultado de un gobierno se puede ver en el momento del traspaso de mando. En un contexto plenamente democrático, un gobierno más exitoso será el que tuvo la capacidad de que alguien de su misma coalición continuara en La Moneda, mientras que un gobierno menos exitoso será el que no logró que uno de los suyos permaneciera en el poder. En consecuencia, el gobierno y Chile Vamos tienen la oportunidad de hacer la diferencia, construyendo juntos desde cada uno de sus espacios, un verdadero legado político que mejore la calidad de vida de las personas y convierta a Chile en un país desarrollado.

Por lo demás, no es menor que el programa de gobierno del Presidente Sebastián Piñera incorpora medidas que trascienden este período, lo cual obliga a asumir el desafío de mostrarse como una coalición que está preparada y que trabaja para gobernar Chile por más de cuatro años. Para conseguir lo anterior, eso es fundamental el diálogo y trabajo fluido entre gobierno y los partidos de su coalición.

Por último, es preciso señalar que los tiempos del gobierno y de los partidos políticos no son iguales. La curva del poder para ambos es diferente. En Chile, los gobiernos concentran el máximo de poder en los primeros años de administración, en cambio los partidos reúnen su mayor fortaleza en los últimos períodos de cada gobierno en función de las elecciones municipales y parlamentarias. Es decir, cada día que transcurre, en este lapso de cuatro años, significa que los gobiernos tienen una curva descendente y los partidos una línea ascendente respecto a su poder.

Los éxitos de Chile Vamos y los desafíos que vienen

Chile Vamos es el primer esfuerzo exitoso en la centroderecha de construir una coalición política que vaya más allá de lo electoral. En efecto, desde comienzos de 2015 cuando se oficializó esta instancia, y con el fuerte impulso de Renovación Nacional y sus principales dirigentes, la actual coalición de gobierno logró vencer en las elecciones municipales, concordó las bases mínimas de su pensamiento político, recurrió a primarias para definir a su candidato presidencial, presentó un programa de gobierno común a sus partidos, llevó una lista única de candidatos a parlamentarios, mejoró sus niveles de representación en el actual Congreso y finalmente llevó a uno de los suyos a La Moneda, donde Chile Vamos jugó un papel fundamental en la victoria de Sebastián Piñera.

Para el futuro, un punto central a tener en cuenta es reconocer que gobernar en coalición no es una cosa sencilla. Por ende, se tiene que valorar que al interior de las coaliciones conviven actores con objetivos similares, pero con diferentes tamaño y posición ideológica. La aceptación de la diversidad es un componente vital para la proyección de Chile Vamos y su intento de ser una instancia representativa de la sociedad.

Frecuentemente, los partidos están más preocupados de defender o ampliar sus espacios de poder en los gobiernos locales y regionales, en el congreso o en el gobierno. Sin embargo, formar parte de una coalición política implica distribuir y repartir poder con el propósito de gobernar. En otras palabras, estar en una coalición significa potencialmente perder un poco de poder, a cambio de ampliar las bases políticas y sociales de un posible gobierno, con el fin de adquirir una mayor pluralidad de actores y posiciones doctrinarias o ideológicas que no sean excluyentes entre sí, capaces de lograr mayorías políticas o sociales en pos del bien común. En casos más extremos, formar coaliciones también está dado por razones de sobrevivencia política.

Es crucial que las coaliciones políticas dependan más de sus proyectos políticos y menos de sus líderes de turno. En consecuencia, Chile Vamos debe reforzar su institucionalidad, fortaleciendo su democracia interna y con mecanismos definidos para la toma de decisiones, negociaciones y resolución de diferencias internas, con el objeto de que los acuerdos sean legítimos y respetados, en un clima de cultura de coalición. En caso contrario, el discurso de unidad y lealtad es extremadamente débil y precario. Al trabajo de reuniones, vocerías y coordinaciones periódicas, se deben agregar otras estructuras que estén permanentemente actuando en términos políticos, programáticos-ideológicos, electorales y comunicacionales.

Una consistente institucionalidad también puede servir para controlar outsiders que surjan desde sus propias filas, manejar las tensiones propias de la política, superar las desconfianzas y convivir con las diferencias naturales que existen en su interior. Si Chile Vamos genera espacios de gobernabilidad y cohesión interna, podrá ofrecerle al país un proyecto atractivo de futuro, estabilidad política y paz social, el cual impacte positivamente en la calidad de vida de las personas.

En este esquema, una línea a potenciar pasa por el hecho de que las primarias sigan siendo uno de los principales mecanismos para la selección de candidatos. Estas parecen instancias útiles, transparentes, legítimas e igualitarias para los diferentes actores que pertenecen a Chile Vamos, fijando un contexto de reglas claras para todos.

En definitiva, la proyección de la actual coalición de centroderecha está directamente vinculada al reforzamiento de su institucionalidad. Solamente de esa forma, si hoy estamos viviendo el primer gobierno de Chile Vamos, para las elecciones presidenciales de 2021 estaremos en condiciones de hablar del segundo gobierno de Chile Vamos.

El rol de Renovación Nacional

Renovación Nacional tiene una gran responsabilidad como el partido más grande de Chile Vamos. De acuerdo a los últimos comicios, RN es el partido más votado a nivel de concejales y diputados, los cuales son los indicadores tradicionales para medir la fuerza de las colectividades. Además, es el partido con la bancada más grande de diputados, cuenta con la mayor cantidad de mujeres diputadas, posee el más alto número de consejeros regionales y es el que tuvo más senadores elegidos en noviembre pasado.

RN históricamente ha cumplido un papel articulador. Desde su rol en la transición en la denominada democracia de los acuerdos hasta sus conversaciones con la Democracia Cristiana para hacer reformas al sistema político, se ha constituido en un partido de centroderecha con vocación de mayoría y vocación de poder, lo que se ha coronado con su aceptación en la Internacional de Partidos Demócratas de Centro. El respeto a la diferencia política interna, así como su diversidad ideológica, constituyen sus activos.

Asimismo, RN ha dado muestras de generosidad en términos políticos y electorales, cediendo en 2009 cupos a candidatos independientes y de Chile Primero en la elección de diputados, en el marco de la Coalición por el Cambio. Así también lo hizo en 2013 donde facilitó puestos a competidores de Evópoli a nivel parlamentario, cuando estos sólo eran un movimiento político, tanto en las primarias como en las elecciones definitivas. En consecuencia, RN ha entregado señales inequívocas de tener la capacidad de perder un poco de poder, en aras de conquistar un objetivo mayor.

Su misión hoy es liderar este proyecto político, poniendo a disposición de la coalición y del país a sus mejores representantes e ideas, revalorando la importancia de la política y la democracia representativa, entendiendo que siempre el Estado está al servicio de las personas y defendiendo la economía social de mercado. RN tiene que marcar un discurso claramente dirigido hacia las clases medias y la movilidad social, bajo los principios de libertad, justicia, igualdad de oportunidades, respeto a la propiedad privada y un Estado subsidiario en conjunto con promover una sociedad solidaria.

Por consiguiente, debe seguir empujando el fortalecimiento de la institucionalización de Chile Vamos, jugándosela por potenciar un bloque que ha demostrado ser exitoso en términos electorales, políticos y sociales. Debe mantenerse tolerante y abierto al diálogo político, convertirse en un facilitador de acuerdos entre el gobierno-oposición, y con la disposición de abrir las fronteras de lo que hoy es Chile Vamos para obtener mayorías que le permitan continuar gobernando el país. En definitiva, los partidos más grandes, contrario a lo que podría pensarse en una primera instancia, tienen el deber y la responsabilidad de abrir espacios si quieren mantenerse vigentes y en el poder.