POPULISMO O DEMAGOGIA

Aldo Cassinelli
Director del Instituto Libertad

No hay análisis político del último tiempo que no incluya en su presentación al populismo en alguna de sus versiones. En muchos casos se confunde con algo popular, que alguna relación tiene, pero su conexión política es mucho más profunda, ya que implica una forma de acceder al poder para luego administrarlo y por ello la necesidad de una mirada más precisa del concepto y su aplicación.

El populismo se nutre de la demagogia, así podríamos partir la idea central del concepto y más aún, hace no muchos años en Chile a quienes levantaban propuestas que claramente se encontraban en los límites de la racionalidad política se les tachaba de demagogos. En la actualidad dichos políticos se nutren de la vertiente populista, como si esa fuente les colocara en una posición expectante frente a la población.

Las promesas irresponsables, ser conocedor de una verdad revelada, a la que nadie más ha podido acceder, es fundamental para el líder populista, por una parte trae la solución a los males que aquejan a la sociedad y por otra la presenta de manera fácil para que todos la podamos entender.

Otro elemento clave para quienes se visten de ropaje populista, es el lenguaje el que resulta ser muy simpático, le habla a la gente de manera sencilla, se comunican como un ciudadano normal, esto le permite fijar una relación más horizontal, es uno más de ellos, la distancia no existe, estamos absolutamente conectados.

Podríamos decir que el líder populista nos hace creer que conoce por vivencia los problemas que afectan a los distintos grupos a los que les habla, esa es una característica clave a la hora de entender por qué su relación con la gente se hace tan fuerte, su grado de convencimiento se traslada a sus seguidores y se refuerza mutuamente, en algunos casos se llega a hablar de mesianismo.

Ahora bien, si usted se enfrenta a una persona que tiene algún nivel de carisma, la cual le habla en su lenguaje, reconocible y comprensible, sobre sus propios problemas y como si fuera poco le ofrece soluciones que para usted le resultan de una lógica elemental, estoy seguro que por lo menos se planteará la pregunta de seguirlo. La tentación es real y concreta.

Imagine por un momento que le ofrecieran que ciertos servicios serán gratuitos, que se aumentarán los recursos que recibe sin mayores esfuerzos, le pagarán lo mismo por trabajar menos y que los bienes por los que paga en algún momento los proveerá el Estado sin tener que lidiar con esa tan compleja competencia que se da en ese espacio llamado mercado, porque precisamente para hacer eso es que existe el Estado.

El problema es que no le ha explicado la forma en que el Estado contará con recursos para cumplir con sus promesas, se olvidan de manera absolutamente consciente que cada gobierno es un administrador temporal del Estado y por ello se requiere de responsabilidad en su actuar y que precisamente el Estado se nutre del esfuerzo de cada uno de nosotros para su existencia.

Fuente: La Segunda