Poder o convicción

Todo por el poder, nada por convicción. Así parece estar actuando parte de la izquierda chilena. En los últimos días ha dado muestras increíbles de sometimiento a la calculadora o al poder en su forma más completa.

No es solo la derrota del expresidente Lagos, es toda una dinámica asumida desde la derrota del 2010 en adelante y la posibilidad cierta de volver a dejar el aparato del Estado. Parecerá que algunos no saben vivir sin él o fuera de él, en distintos niveles se ve un apego a los privilegios que ellos mismo condenan en otros.

La vocación de poder es algo necesario, incluso es el factor que muchas veces hace la diferencia entre una derecha apática y una izquierda comprometida. Sin embargo, su exceso en ocasiones lleva a dejar de lado muchos principios solo con el argumento de su pérdida o para alcanzarla, como ocurrió el año 2013, donde una coalición se construyó básicamente al amparo de la única figura que los podía reinstalar en la administración del Estado.

No se tuvieron miramientos en apoyar medidas, discursos y promesas que a sabiendas no se podrían cumplir. Esto no me lo critique a mí, fue confesado por varios prohombres de la actual coalición gobernante, incluso muchos han confesado en un acto de descargo intelectual o de aminorar las culpas, que ni siquiera sabían lo suscrito. Firmaron un programa sin leer su contenido.

Por estos días de definiciones electorales, parece estar pasando algo similar, la diferencia es que hoy no hay una figura como la actual mandataria que consiga alinear a las dispersas fuerzas políticas y por ello existe una fragmentación de opciones que no logran cuajar entre los partidos y menos en la gente.

Pedir algo de coherencia ideológica en este momento es muy iluso, está claro, pero asumir que cualquier candidato sirve, siempre y cuando permita mantener el poder resulta un poco patético a la hora de presentarse frente a los votantes cada vez más escépticos.

Tengo claro que las elecciones se ganan con votos y para muchos la manera de conseguirlos no es lo más importante, pero precisamente por la situación por la que atraviesa la política todos debiéramos a contribuir en algo a prestigiarla.

No es sólo porque en este campo se desenvuelven muchas personas, no es solo porque trabaja mucha gente vinculada a ella, es mucho más profundo que eso, es porque resulta necesaria para la sociedad.

La política implica un ideal a alcanzar que se vincule con las aspiraciones de sociedad, es el conjunto de individuos que se manifiestan para lograr objetivos que les dan sentido en términos sociales, le dan coherencia, pero además pertenencia.

En la situación actual se requiere de líderes dispuestos a asumir la conducción de una sociedad compleja y a la vez fragmentada, ser capaz de unir en la diferencia bajo un proyecto que desde el despliegue de las potencialidades de cada individuo se enriquezca la sociedad en su conjunto.

Fuente La Tercera