AÑO 10 Nš 226

31 de OCTUBRE de 2006

ISSN 0717-795X

PERSPECTIVA

Una Agenda Digital con visión de Estado

Una Agenda Digital con visión de Estado es mucho más que la sumatoria de proyectos informáticos de los distintos organismos del Estado. Es ver el país desde una perspectiva de lo que las Tecnologías de la Información y Comunicaciones (TIC) pueden hacer para aprovechar oportunidades, crear fortalezas, superar debilidades y sortear amenazas. Pero sobre todo, la Agenda Digital es la herramienta que nos puede insertar en la Sociedad del Conocimiento.

En la Sociedad Industrial el factor primordial de desarrollo de un país era la fábrica, la requiere capital. Todas las políticas de Estado de las naciones en vías de desarrollo iban por ello a crear condiciones para que se desarrollara la industria, sea a través del Estado o del sector privado, sea dentro de un país o grupo de países. De allí surgieron iniciativas como CORFO y el Pacto Andino.

La Sociedad Industrial ha ido dando paso cada vez más a una Sociedad de Servicios. Actualmente más del 60% del PGB de Chile proviene del sector servicios, y en las naciones desarrolladas el porcentaje es mayor. Detrás del sector servicios lo importante es el conocimiento, los procesos, el capital intelectual, ya que no hay “fábrica”. De ahí que se hable también de Sociedad del Conocimiento.

Pero también en el sector industrial son los procesos y el capital intelectual lo que hace a la empresa diferente, más que la parte industrial en sí misma. Y en la agricultura, con la introducción de la biogenética, también es el capital intelectual lo que está siendo cada día más importante en la producción. Otro tanto puede decirse de la minería, y de la pesca, y de los más variados sectores.

En la Sociedad del Conocimiento, los tradicionales tres factores de la producción – tierra, capital y trabajo– se están desplazando a factores del intelecto, producido por personas que generan conocimiento y aumentan su capital intelectual adquiriendo más conocimiento. Este proceso se potencia gracias a las TIC, que es la nueva “fábrica” desde donde el conocimiento se desarrolla, difunde y obtiene.

Hoy, gracias a Internet y los buscadores, el conocimiento está a un clic de distancia. Eso hace que en la generación de know how el énfasis esté en el “how”, porque el “know” está allí, para todo el que lo quiera recoger. Y así como en la economía tradicional nos enseñaban que en esencia es la administración de recursos escasos, con el conocimiento pasa al revés: se está transformando en la administración de recursos excesivos.

La capacidad de crear, recoger y aplicar conocimiento es entonces lo que está haciendo la diferencia entre las naciones, las empresas, las personas. Los mejor preparados serán los que avanzarán más. Entonces, una visión de Estado necesariamente debe considerar cómo generar las condiciones para que el capital intelectual del país se desarrolle; genere y utilice conocimiento, creando valor, puestos de trabajo y oportunidades. Hace ya años que el término “trabajador del conocimiento” (knowledge worker) está en la mente de los países que se han desarrollado más rápidamente, y ello requiere de entrada un sistema educativo pensado para generar dichos trabajadores.

Para entender gráficamente a qué nos referimos, supongamos una utopía: todas las personas de Chile trabajan en aquello para lo que están mejor dotados y que más les gusta. ¿Cuál sería la productividad del país? ¿Cuál sería su PGB? Claramente, muy superior que el actual. De donde se deduce que lo que marca la diferencia es la capacidad de encontrar y desarrollar los talentos existentes en las personas y ponerlos a trabajar donde mejor se desempeñarían. Eso, de por sí, demuestra que es el capital humano lo que más importa en la Sociedad del Conocimiento.

Corolario de lo anterior es algo lapidario: el mayor despilfarro del país está en el talento latente y no descubierto ni desarrollado por falta de oportunidades. Y eso significa muchos pobres que no tendrían por qué serlo. Gente frustrada y desmotivada trabajando en lo que sea por llevar plata a la casa.

La gran oportunidad del país está por eso en acortar el costo de oportunidad que significa no tener sus potencialidades humanas plenamente desarrolladas. La diferencia entre el PGB actual y el PGB que habría en ese entorno ideal es el precio que paga Chile por no estar inmerso en la Sociedad del Conocimiento.

No hay ninguna razón objetiva para que Chile no sea otra Finlandia, otro Singapur, otra Korea. La diferencia entre ellos y nosotros está en que ellos vieron con antelación las implicancias de la Sociedad del Conocimiento y se prepararon.

¿Donde está la clave? Formación en las herramientas para el conocimiento, y formación de la persona para que pueda desarrollar todo su potencial.

Actualmente, nuestra infraestructura legal, jurídica y productiva está hecha y pensada para una sociedad agrícola, minera e industrial. Se requiere transformar todas esas estructuras hacia las apropiadas para una Sociedad del Conocimiento, lo cual en absoluto significa quitarle importancia a nuestras actividades tradicionales.

El foco de una Agenda Digital con visión de Estado debe estar por eso en perfilar al chileno del siglo XXI, incorporándolo a una Sociedad del Conocimiento chilena, generando demanda por sus servicios y creando empleos de alto valor agregado, buena remuneración y baja inversión, rompiendo el círculo de la pobreza, y desarrollando el capital humano que nos permita pasar a ser una nación desarrollada.

Para conseguirlo el énfasis en la educación y formación es fundamental. Las mallas curriculares a todos los niveles deben estar impregnadas del objetivo de formar personas para la sociedad del conocimiento. La construcción de capital humano a nivel internacional se puede medir – sin que ello suponga el único ni el principal indicador– con las pruebas internacionales educacionales. Hace poco vimos cómo salimos muy mal parados en una de estas pruebas. De nada sirve compararse con el resto de la Región, porque el desafío es global, como global es la nueva realidad. Cada mejora en dichos indicadores son un fortalecimiento del “músculo” intelectual del país. Cada reducción en dichos indicadores son un debilitamiento de las posibilidades de Chile para salir adelante. Si no se enfoca de esa forma, seguiremos quedando atrás, y la “brecha digital” no va a ser más que un pálido reflejo al lado de una brecha mucho mayor: la brecha de capital humano.

Por supuesto, se requiere de una infraestructura ad hoc a este nuevo desafío, y en eso afortunadamente, Chile ha adelantado mucho. Pero necesitamos mucho más. De nada nos sirve tener a todos los colegios provistos de computadores y acceso a Internet si esas herramientas no pasan a ser un elemento intrínseco de las nuevas mallas curriculares. En la educación hay tres elementos importantes: la adquisición de conocimiento (representado por el tradicional profesor parado en la tarima explicando contenidos), la adquisición de habilidades a través de la práctica perseverante en el uso de herramientas formativas, y la formación de valores. Las tecnologías de la información deben estar en el núcleo de las dos primeras como herramienta que debe utilizarse con un alto grado de profundidad y sofisticación. Tenemos que generar usuarios expertos en el uso de TIC, capaces de crear un círculo virtuoso en la adquisición, administración y difusión de conocimiento. El resultado, si detrás hay una buena formación, será que Chile tendrá una creación de capital humano al nivel de los países más desarrollados.

Debemos incorporar en nuestra economía el 100% de las ventajas que traen para el trabajo el uso de TIC Esto incluye de forma destacada, para capturar el capital intelectual que hay en el país, la introducción masiva del teletrabajo. Ello supone cambios culturales importantes en la visión de lo que “tener trabajo” o “ir al trabajo” significa, superando el enfoque de “permanencia en el puesto de trabajo” por un enfoque hacia “hacer el trabajo”. Cientos de miles de personas pueden y deben trabajar desde sus hogares, en especial mujeres que quieren desarrollar además sus proyectos familiares. Chile no puede prescindir de sus capacidades, pero tampoco tiene por qué dejarlo en términos de elegir entre ser madre y esposa o ser profesional. La jornada laboral de los teletrabajadores pasa a ser un tema menos relevante que los entregables dentro de plazo.

Debemos incorporar en nuestro gobierno, local y nacional, el 100% de las ventajas que entregan las TIC, cambiando el enfoque de los servicios del Estado desde uno en el que los ciudadanos siguen las obligaciones que el Estado les asigna hacia uno en el que los ciudadanos participan en la construcción del Estado, que está a su servicio. Con las TIC podemos y debemos desarrollar un concepto que está en boga en el mundo privado, el “Customer Relationship Management” y transformarlo en un “Citizen Relationship Management” por el cual se optimizan los procesos que devienen en servicios del Estado a los ciudadanos, terminando con las colas, la recolección de papeles para cualquier trámite, y el paseo a través de distintos estamentos (sea gobierno, instancias judiciales, organismos de seguridad, servicios sociales, etc.) para conseguir las prestaciones a las que el ciudadano tiene derecho (para eso paga sus impuestos).

Con las TIC se puede y se debe además optimizar y transparentar todos los procesos del Estado, sea hacia el interior de una repartición, transversales entre distintos estamentos, entre estamentos y el mundo privado. Y esto para los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Y para organismos autónomos, gobiernos locales y beneficiarios de cualquier partida de gasto del Estado.

Con las TIC se puede y se debe mejorar sensiblemente la seguridad de los ciudadanos, identificando y vigilando a los delincuentes sin mermar la libertad de los ciudadanos que quieren vivir en paz.

Con las TIC se puede y se debe mejorar las oportunidades de personas que hoy están marginadas de los beneficios de la sociedad moderna, ayudando a la movilidad social.

Con las TIC el país puede aprender a trabajar en equipo, porque las modernas tecnologías de la información y comunicaciones son esencialmente enfocadas a redes de trabajo colaborativo, superando así las dicotomías entre sector público y privado, ricos y pobres, hombres y mujeres, personas capacitadas y discapacitadas.

Nada de cuanto se ha escrito va a “salir solo”. Se necesita una visión de Estado que le dé a las TIC la importancia que tienen y el potencial que muestra.

Para sacar adelante una Agenda Digital se necesita además, de forma urgente:

-
Un cambio de actitud mental de nuestros líderes. Llegó la hora de invertir seriamente en “intangibles”: los talentos ocultos de nuestra población.
- Terminar la implementación de infraestructura tecnológica para educar para el conocimiento.
- Preocuparse de reconversión de actuales empresarios, gerentes, ejecutivos, trabajadores.

En conclusión, Chile tiene ante sí, hoy como nunca antes en su historia, la oportunidad de pasar a estar dentro de las naciones desarrolladas. Los ejemplos de países que lo consiguieron, y que superaron a Chile en todos los aspectos medibles de bienestar de la población, muestran que se puede hacer. Además, Chile cuenta actualmente con la infraestructura para conseguirlo, y solo le faltan dos cosas: voluntad política y mentalidad ganadora.

Se requiere de un alto y verdadero compromiso de los futuros Gobiernos y de los empresarios para llevar hasta sus últimas consecuencias todos los beneficios que puede traer al país su plena incorporación a la Sociedad del Conocimiento, que permitiría a los ciudadanos de Chile desarrollar al máximo sus capacidades humanas y cooperar en el crecimiento del país a la vez que mejoran su propio bienestar. Esto no significa que Chile vaya a dejar de lado lo que siempre ha hecho bien, sino que le permitirá hacerlo aún mejor, pero incorporando nuevas actividades en las que podrá pasar a estar entre las naciones líderes del mundo.

Directora: María Luisa Brahm B.

Editor: Alfredo Barriga C.