AÑO 9 Nº 198

31 de JULIO de 2005

ISSN 0717-795X

PERSPECTIVA

La mujer en el Chile de hoy:

Diagnóstico y propuestas

El acelerado cambio que ha experimentado nuestra sociedad en los últimos años ha repercutido fuertemente en el actuar de la mujer, incitándola a asumir nuevos roles y desafíos sin contar necesariamente con las herramientas para ello. Resulta increíble pensar que aún existe discriminación -o autoexclusión- y desigualdad de oportunidades, sobre todo porque el 51,1% de la población está compuesta por este género. Es momento de identificar los desafíos que enfrenta la mujer de hoy y brindar propuestas concretas para mejorar su situación en la sociedad.

DIAGNÓSTICO:

Trabajo. La participación de la mujer en el mercado laboral es baja. En 1990 la tasa de participación laboral femenina fue 31,7%. Lo que en esa época parecía una baja inserción laboral, trece años después representó un grave problema y un claro estancamiento al alcanzar un valor de 35,7%, evidenciando un magro y marginal aumento de cuatro puntos porcentuales.

Pero las causas de la baja participación de la mujer en el mercado laboral resultan aún más inquietantes. Al analizar la mayor participación laboral de las mujeres se puede apreciar que ésta se encuentra determinada por los años de estudio, en cuyo caso, a mayor escolaridad, mayor es la tasa de participación económica.

En el año 2000, el 9,2% de las mujeres sin estudios se encontraba económicamente activa, en circunstancias que las mujeres que tenían entre 11 y 12 años de estudio tenían una tasa de participación de 42,2%. En el 2003 la tasa no evidenció mayores cambios, las mujeres sin años de estudio ostentaron una participación de 7,8% (1,4 puntos porcentuales menos) y una participación de 41,9% cuando los años de estudio cursados fluctúan entre los 11 y 12. El gran salto se produce cuando las mujeres ostentan más de 19 años de estudios cursados, en cuyo caso la variación que se experimentó resulta significativa. En este caso, no sólo se aumentó la participación en 11,1 puntos porcentuales (81,9% en el 2000 y 93% en el 2003) sino que además las mujeres lideraron la participación laboral.

Otro factor que afecta el trabajo de este género es la edad. En el 2003, las mujeres entre 15 y 24 años exhibieron una tasa de participación de 23,3% en circunstancias que la tasa promedio de participación en igual fecha fue de 35,7%. En igual año y cuando el rango de edad alcanza los 25 a 34 años, las mujeres no sólo duplican la tasa de participación (51,5%) sino que ostentan la máxima participación. Con el transcurso de los años, las mujeres van lentamente disminuyendo su intervención en el mercado laboral y cuando el rango de edad fluctúa entre los 55 y los 64 años, la tasa cae a 28,2%. Pero es en el último rango -65 y más años -que las mujeres denotan la tasa de participación más baja: 6,3%, lo cual es atribuible a la jubilación, que actualmente está fijada en los 60 años.

En materia de desempleo, las mujeres son las más perjudicadas. Si bien con el correr de los años la tasa de desocupación entre ambos sexos ha ido paulatinamente acercándose, no se puede desconocer que la gran excepción ocurre en el grupo entre 15 y 24 años de edad. En el años 2003 la tasa de desempleo de las mujeres fue 1,3 veces la tasa de desempleo de los hombres.

En el caso de las remuneraciones, la diferencia entre salarios no sólo se extrapola según sea el sexo del individuo, sino que además según el quintil al cual pertenece.

Los resultados de la encuesta Casen 2000 revelaron que en el quintil socioeconómico más bajo, los ingresos promedio de las mujeres equivalen a 1,1 veces el ingreso promedio de los hombres. La equivalencia aumenta a 1,8 veces si se comparan los ingresos del quintil más alto.

Cuando la comparación se extrapola entre los ingresos del quintil I y el ingreso que perciben los hombres del quintil V, se constata que la distorsión en la distribución del ingreso afecta mucho más a las mujeres. En éste escenario, los ingresos de los hombres del quintil I equivalen a 14,57 veces el ingreso del hombre del quintil V, en circunstancias que tal equivalencia llega a 16,96 veces cuando la comparación se hace entre las mujeres del quintil I y los hombres del quintil V.

Educación. El énfasis en la expansión de la cobertura educacional ha permitido que el analfabetismo se encuentre prácticamente erradicado. Pero los beneficios de esta expansión no han llegado a la población que habita en zonas rurales y en mayor medida a quienes tienen una edad más avanzada, particularmente las mujeres.

Los resultados del Censo 2000 lo confirman. Se constató la existencia de 480.865 personas analfabetas, de entre las cuales el 52% son mujeres y el 70% de éstas tienen más de 50 años.

Los años de educación también inciden en la tasa de fecundidad de las mujeres. A mayor cantidad de años cursados, menor es la tasa de fecundidad efectiva. Anteriormente se mencionó que la participación laboral femenina depende -entre otros factores -de la edad, encontrándose la mayor participación entre los 25 y 34 años. En este grupo, mientras las mujeres con 3 o menos años de estudio tienen 2 hijos/as promedio, las mujeres con 17 y más años de estudio tienen 0,7 hijos/as promedio. En ambos casos el promedio de hijos resulta inferior al promedio nacional (2,26).

Familia. Las nulidades han aumentado considerablemente. Si durante 1980 se realizaron 36 nulidades por cada mil matrimonios, en 1998 se efectuaron 85 por cada mil matrimonios. Adicionalmente, los nacimientos extramatrimoniales han aumentado con el correr de los años. En 1995 correspondieron al 41% del total, en 1998 la cifra aumentó en cinco puntos porcentuales y actualmente es de 53%.

La mujer se ha consolidado como jefa del hogar. Hoy en día, alrededor de uno de cada tres hogares tiene a una mujer como la responsable directa de la mantención y el cuidado de los hijos. La jefatura femenina varía según los estratos económicos, de la inactividad del jefe del hogar y del tipo de hogar.

El Censo 2002 reveló que el promedio de hijos por mujer es de 2,3. Si bien este promedio es inferior al registrado en 1992 (2,4), resulta aún más bajo que los registrados en los años anteriores a 1960, cuyo promedio era de 5 hijos. Esta menor cantidad de nacimientos ha ido acompañado de un mayor número de abortos, los cuales se estiman entre 100 y 140 mil al año.

Participación de la mujer en los poderes privados y públicos. La participación femenina es poco significativa en las directivas sindicales, directorios de empresas y directivas de organizaciones empresariales.

En el Congreso las mujeres han ido levemente incrementando su participación. En 1990 trabajaban 10 mujeres y en la actualidad lo hacen 17.

En el Poder Ejecutivo, los cargos públicos de confianza también han dado señales de mejora. En la presidencia de Aylwin, el 7% de los cargos fueron ocupados por mujeres, en el caso del gobierno de Frei tal cifra se elevó a 17%. En la actualidad el 23% de los cargos públicos de confianza son ocupados por mujeres.

En el poder local la tendencia ha sido igual de tenue. En las elecciones municipales de 1992 los resultados fueron: 7% alcaldesas y 13% concejalas. En las elecciones del 2004 los resultados fueron:12% alcaldesas y 21% concejalas.

Violencia intrafamiliar. La violencia intrafamiliar (VIF) es un problema que ha afectado fuertemente a las mujeres y que ha generado una sensación de impunidad. En el 98% de los casos la víctima es mujer, cada año mueren 70 mujeres producto de éste tipo de violencia y 5 de cada 10 mujeres declaran ser víctimas de violencia intrafamiliar.

PROPUESTAS:

Plena igualdad de derechos

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Cobertura garantizada en la educación preescolar

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Flexibilizar el fuero y el permiso maternal. Permitir a las mujeres distribuir las semanas de permisos pre y post natal y otorgar a las mujeres una opción para aumentar los permisos maternales en la misma proporción en que se disminuya el fuero maternal.

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Nivelación educacional. Posibilitar el reintegro a las aulas escolares a aquellas mujeres que no pudieron terminar sus estudios de enseñanza básica y/o media. · Capacitación para la reintegración al trabajo

- Flexibilización de la jornada de trabajo
- Trabajo desde el hogar

Tolerancia cero a la discriminación

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Violencia intrafamiliar. Formar Grupos de Acogida Local que implementen un programa integral destinado a prevenir y atender las problemáticas relacionadas con la VIF. Estos grupos no sólo brindarán atención a las víctimas, sino que además, a quienes ejercen el abuso.

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Pensión de alimentos. Posibilitar a la Tesorería General de la República para que retenga la devolución de impuestos a la renta que le correspondiese al deudor de la pensión alimenticia. Adicionalmente, el no pago de la deuda quedará registrado en DICOM.

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Discriminaciones culturales. La discriminación cultural por género genera exclusión y desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Para hacer frente a esta problemática, nuestras propuestas están orientadas al fomento de la participación activa de la mujer en nuestra sociedad.

Fortalecer a la familia

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Impuestos familiares. Disminuir las tasas de impuestos a las familias autorizando a los matrimonios el sumar sus ingresos y dividirlos por dos.

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Jubilación dueña de casa. Mecanismo previsional del que ella sea titular exclusiva y se beneficie directamente. Para promover esa cotización se propone rebajar el costo de cotización para la dueña de casa desde el 10% actual obligatoria para todos los trabajadores a un 7% de la remuneración mínima. A pesar de efectuar una cotización menor, el Estado le asegurará la obtención de la pensión mínima.

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Incentivos previsionales por hijo. El 60% de las cotizantes no podrá optar por una pensión mínima con garantía estatal. Se propone entonces que por cada hijo se entregue un año más de cotización.

Directora: María Luisa Brahm B.

Editoras: Paola Cabello V. y Constanza Mantelli de la F.