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Sociedad
civil, participación ciudadana, acceso a la información pública, derechos
ciudadanos, control social, entre otros, son algunos conceptos que desde
hace cierto tiempo vienen escuchándose en discusiones públicas y medios
de comunicación. Asimismo los candidatos presidenciales se han hecho eco
de ese interés, incorporando en las mayorías de sus discursos y declaraciones
aspectos relacionados -de una u otra forma- con los referidos conceptos.
En
efecto, a propósito de casos de gran repercusión pública como la contaminación
ambiental en el río Cruces y los humedales de cisnes en Valdivia, el debatido
proyecto Pascua Lama, otros relacionados con la transparencia de la gestión
del gobierno, la superación de la pobreza o el resguardo de la calidad
de vida en las ciudades, diversas organizaciones sociales han hecho sentir
su voz y su acción.
Lo
anterior parece demostrar, por una parte, que hoy en día la ciudadanía
tiene un enorme deseo por expresarse y pasar a formar parte de los asuntos
públicos de su país, y por otra, que los esfuerzos que durante años han
venido realizando distintas entidades de la sociedad civil por promover
el acercamiento entre las autoridades del país y la ciudadanía, comienzan
a dar los frutos que se buscaban.
De
esta forma, la participación de las personas -espontánea mas que en un
marco institucional que la promueva-, se ha constituido en el criterio
orientador de una exigencia que se hace cada vez más patente: un Estado
capaz de fomentar el fortalecimiento de la sociedad civil, como fundamento
de una sociedad sana y la profundización democrática.
Así,
la sociedad civil, en el sentido descrito, deviene en el ejercicio de
lo que habitualmente se denomina participación ciudadana, concepto que
difiere de la sociedad política y de la sociedad económica. Así, la sociedad
civil aspira a influir, no a participar directamente ni en el poder del
Estado ni en la producción económica. Siguiendo en esta materia al PNUD,
cabe señalar que la relación entre los conceptos indicados, es que la
sociedad civil es una expresión particular de la asociatividad(1).
Por
lo tanto, la participación ciudadana y, por ende, la formación de una
sociedad civil, se manifiesta como un elemento central para el fortalecimiento
del régimen democrático. Ello, en virtud de que permiten el control de
la gestión gubernamental, la expresión de demandas y el fortalecimiento
del pluralismo requerido por la democracia(2).
Pero para que aquella sociedad civil sea efectiva se requiere, entre otros
asuntos, un conjunto de actitudes y disposiciones entre los ciudadanos,
además de los marcos institucionales necesarios para su desarrollo.
En
este marco de ideas, el Instituto Libertad, como miembro de la coalición
"Más Voces para el Fortalecimiento de la Democracia"(3),
durante el año 2004 llevó a cabo un estudio sobre las prácticas, actitudes
y disposiciones de los ciudadanos ante la participación ciudadana en la
gestión pública y la acción colectiva(4).(5)
El
concepto central que guío el estudio fue la percepción sobre la participación
como factor influyente en las decisiones que se toman en la gestión pública
en una democracia y sus potencialidades. La tesis teórica central del
estudio es que la participación ciudadana, en cuanto activador de redes
y precursor de capital social, es un elemento central para el mejoramiento
de la democracia. Sin embargo, ello es sólo potencial, en la medida en
que también se requiere una respuesta institucional para aprovecharla.
El
punto de partida fue el diagnóstico de los problemas que a juicio de la
ciudadanía aparecen como preponderantes en su vida y su posibles vías
de solución. Luego, se abordó la situación actual de participación y asociatividad,
y las vías de relación entre la ciudadanía y las autoridades. Asimismo,
el estudio presenta las percepciones y actitudes respecto a la efectividad
percibida de los cursos de acción participativos y asociativos para enfrentar
los problemas ciudadanos, para terminar con la situación actual en cuanto
a la práctica participativa por canales institucionales -especialmente
a nivel local-, último elemento al que se hace referencia a continuación.
El
principal resultado en este ámbito es que la actual existencia de los
mecanismos de participación institucional a nivel comunal, es reconocida
sólo parcialmente. Se consultó por cuatro instancias específicas: el Consejo
Económico Social (CESCO), la audiencia pública, la oficina de reclamos
municipal y el plebiscito comunal. El que más se reconoce es la oficina
de reclamos, pues el 55% de los entrevistados diría que "realmente existe"
tal instancia en su comuna. El 28% lo cree de la Audiencia Pública, el
24% lo cree del plebiscito comunal y sólo el 19% lo cree del Consejo Económico
Social (CESCO). En resumen, el 34% de los entrevistados no reconoce la
existencia de ninguna de las instancias consultadas.
Sin
embargo, en la región metropolitana, los niveles de respuesta son menores
a los de otras regiones (abultándose el grupo de los que indican no saber)
y más grande el grupo que no reconoce ninguna instancia (43%), de lo que
puede inferirse que la complejidad urbana incide en el conocimiento que
se pueda tener de las instancias. El 32% de los entrevistados reconoce
sólo una instancia y el 34% reconoce dos o más.
En
esta última información, destaca la IV región por la proporción que reconoce
dos o más instancias. Cualquiera sea la situación regional, también se
encuentra una relación entre el reconocimiento de instancias participativas
municipales y la frecuencia con que se trabaja junto con otros para mejorar
la propia situación. Así, entre los que frecuentemente trabajan junto
a otros, el 66% reconoce la oficina de reclamos, contra un 61% entre quienes
trabajan a veces, 58% entre los que lo hacen casi nunca y 46% entre los
que nunca lo hacen.
Como
parte de un esfuerzo institucional por integrar -parcialmente- la participación
ciudadana a la gestión pública, la legislación nacional ha introducido
en los últimos años, entre otros, dos instrumentos: la ordenanza comunal
de participación ciudadana y el plan regional de participación. En el
estudio se consultó por el nivel de información que la ciudadanía posee
respecto a ambos. Pues bien, el resultado resulta bastante poco alentador
desde un punto de vista normativo. Únicamente el 8% de los entrevistados
dice estar muy informado sobre la ordenanza municipal de participación
ciudadana y apenas el 5% lo diría del plan regional de participación.
El resultado es diferente según la región que se estudie, mostrando niveles
mayores de desinformación declarada en las regiones II y IV.
Complementariamente
a lo anterior, se consultó por la participación efectiva en tres instancias:
la formulación del plan regional de participación, la elaboración del
plan de desarrollo comunal (PLADECO) y la planificación del presupuesto
municipal. Consistentemente con los resultados anteriores respecto a la
información, sólo el 5% de los entrevistados ha sido invitado a expresar
su opinión en el plan regional o para la elaboración del PLADECO y el
3% lo ha sido para la planificación del presupuesto. Este último resultado
no es menor, pues la "ola de activismo cívico" mundial detectada por el
PNUD reconoce a la presupuestación responsable y participativa como uno
de sus ejes principales(6).
En
resumen, hay baja información sobre instancias para la participación local
y regional y baja participación en instancias para la participación local
y regional. Este resultado, evidentemente, se relaciona con otras conductas
y actitudes, que se refuerzan mutuamente. Entre quienes están muy informados
sobre la ordenanza comunal de participación ciudadana, la proporción de
quienes frecuentemente o a veces trabajan junto con otros para mejorar
su situación (53%) es notablemente superior a la que se da entre quienes
están poco informados (40%) o nada informados (25%).
De
esta forma, aparece como uno de los desafíos más relevantes, revisar los
mecanismos institucionales que canalizan la acción participativa, pues
son reconocidos y utilizados muy escasamente. En ello se entrelaza también
la desconfianza en dirigentes sociales y, al mismo tiempo, en las autoridades.
Así,
surge la necesidad de hacer frente a la demanda de ciudadanos y personas
en general, que en forma individual y colectiva demandan canales de participación
directos en la gestión pública y una mejora en las condiciones que permitan
su organización y valorización. Situación que se manifiesta en forma evidente
en los resultados de la encuesta expuestos con anterioridad, especialmente
en relación con el alto porcentaje de apoyo que reciben las preguntas
que se refieren a la existencia de herramientas de democracia directa,
como son la iniciativa popular de ley, la revocatoria de mandato y los
plebiscitos. Destaca de entre los resultados del estudio de Más Voces,
el hecho de que la acción colectiva organizada funcionalmente, como medio
para buscar la solución a determinados problemas sea la una opción menos
preferida por los entrevistados. Hecho que a nuestro juicio de cuanta
de la escasa importancia relativa que tiene el concepto de participación
ciudadana entre las personas, en términos de la influencia que se puede
tener para incidir en la toma de decisión de los asuntos públicos de la
comunidad.
Sin
embargo, al mismo tiempo, se puede señalar que existe una gran expectativa
respecto de dicha participación. Lo anterior, pese a que pueda leerse
en forma contradictoria resulta ser coherente. En efecto, la lectura es
que si bien no existe una cultura hoy en día de participación ciudadana,
se encuentra en potencia un ideal de ella, que se traduce abiertamente
en la esperanza de que existan los canales institucionales adecuados y
necesarios para tal objetivo.
Para
ello, es incuestionable la necesidad de abordar dos temas fundamentales
que se relacionan con el fortalecimiento de la sociedad civil y que se
desprenden de los resultados de la encuesta, esto son, la urgencia de
profundizar el proceso de descentralización del país y poner en marcha
una política pública de participación ciudadana a largo plazo que contemple
desde una edad temprana en las personas la formación para la participación
en sociedad, que comprometa a los ciudadanos del futuro en los destinos
de su comuna, ciudad y país.
| (1)
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Véase:
Desarrollo Humano en Chile 2004:
El Poder, ¿Para Qué y Para Quién?. Santiago: Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo. |
| (2)
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La
Democracia en América Latina: Hacia una democracia de ciudadanas y
ciudadanos. Nueva York: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
p.185 |
| (3)
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Más
Voces es un grupo de organizaciones de la sociedad civil chilena:
Acción, Flacso, Corporación de innovación en ciudadanía, Ideas, Instituto
Libertad y Participa, que se unieron para aportar desde la perspectiva
de la sociedad civil, utilizando como contexto internacional la Comunidad
de las Democracias. |
| (4)
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El
estudio realizado consistió en una serie de seis encuestas regionales,
estructuradas y precodificadas, representativas de cada universo regional
con un bajo de nivel de error. Específicamente, son seis encuestas
de 1.200 casos en que se aplicó un cuestionario idéntico, totalizando
7.200 entrevistas, posibilitando la comparabilidad inter-regional.
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| (5)
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Para
una aproximación más en detalle sobre el estudio, véase Informe Especial:
Participación social y ciudadana, VOL. XVI, Nº135, mayo de 2005. Instituto
Libertad.
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| (6) |
Véase:
Informe sobre Desarrollo Humano 2002: Profundizar la Democracia en
un Mundo Fragmentado. Madrid: Ediciones Mundi-Prensa. |
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