AÑO 9 Nº 191

15 de ABRIL de 2005

ISSN 0717-795X

PERSPECTIVA

La baja de Lavín en las encuestas:

Diez razones para no preocuparse

A muchos ha sorprendido que en las últimas encuestas electorales y de opinión pública Joaquín Lavín aparezca en una posición deteriorada, menor a la que ocupan Michelle Bachelet y Soledad Alvear. Sin embargo, los resultados antes indicados deben ser examinados con cuidado. Hay un conjunto de razones que inciden en que la pregunta por intención de voto no sea el mejor instrumento para predecir el resultado de la elección ante mucha distancia en el tiempo, sino que sólo para evaluar aspectos parciales de las preferencias.

Primera razón: No puede realizarse una predicción sobre la base de un escenario impreciso. El apoyo relativo de los diferentes candidatos y la votación que finalmente logren obtener, no depende solamente de un apoyo positivo y autorreferido, sino que también de las demás candidaturas presentadas. En la medida en que no se tenga certeza de quiénes serán los candidatos y cuáles serán sus bases formales de apoyo, no es posible inferir decisiones tomadas en el marco de otro escenario o bien de otras expectativas de escenario futuro. Sólo se puede apreciar la disposición positiva (no la votación esperada) hacia los diferentes candidatos al momento de la medición.

Segunda razón: Hay un problema de ubicación temporal del instrumento de medición. Se consulta al elector por una decisión que no ha tomado aún y que tendrá lugar en un momento muy posterior, meses después de que responde en una encuesta. Adicionalmente, en el mismo sentido, debe notarse que habitualmente se referencia la pregunta al "próximo domingo" como forma de incentivar una postura decidida, de orden fáctico. Sin embargo, debe analizarse considerando que refiere a un evento que no ha sido y que, más aún, es completamente ficticio.

Tercera razón: La predicción pura y simple a partir de la pregunta sobre intención de voto (lejana), no reconoce la complejidad de la conducta electoral. Los resultados deben analizarse en contexto, sea controlando mediante los resultados en otras preguntas en una misma encuesta, o sea controlando según el contexto temporal y político. Las elecciones forman parte de la institucionalidad política y, por ende, su dinámica es afectada por el devenir de los procesos políticos y la operatoria de otros procesos sociales.

Efectivamente, desde los estudios electorales clásicos de la década de 1940 se sabe que las preferencias electorales de la población requieren ser activadas para que se expresen en una intención de voto y en una decisión específica. Este proceso de activación puede constituirse como un refuerzo de predisposiciones políticas explícitas o en la cristalización de predisposiciones latentes. Cualquiera sea el caso, aquella activación sólo se logra mediante la extensión en el tiempo de una politización de las comunicaciones políticas transmitidas por los medios de comunicación masiva y, lo que es más importante, de los procesos de influencia personal asociados a los contactos procedentes de las propias redes sociales.

Cuarta razón: Lo anterior no debe inducir a pensar que los resultados se encuentran determinados de antemano. La tendencia mundial asociada a una erosión de los determinantes sociodemográficos (bases sociales del apoyo partidario), por un lado, y de lealtad partidaria (afinidad psicológica con partidos o tendencias lograda como producto de un proceso de socialización), por otro, también nos afecta a nosotros. Esta situación induce una creciente incertidumbre en los resultados, lo cual enfatiza el rol y efectos que los determinantes de corto plazo pueden jugar, tales como la campaña. En el caso de la elección de 2005, un componente esencial es la presencia en terreno que aporten los candidatos a diputado y senador. En general, en la campaña inciden no sólo las acciones de promoción deliberada de los candidatos, sino que también las acciones de los otros candidatos, el contexto social y el proceso político. Otros factores de corto plazo mencionados habitualmente en la investigación especializada son las motivaciones económicas, los medios de comunicación masiva, las características de los políticos, el activismo, el gasto electoral y, por cierto, las mismas encuestas de opinión.

Quinta razón: El efecto de las encuestas tiene que ver con que, tal como argumentó Roberto Méndez recientemente, la percepción que cada entrevistado tenga sobre la distribución social de las opiniones incide en su disposición a darla a conocer. Su decisión refuerza aquella percepción ante futuros entrevistados, dando lugar a un proceso conocido teóricamente como "espiral de silencio". Aquel concepto reconoce que la opinión pública es un mecanismo de control de la sociedad, de modo tal que sólo tenemos registro de aquellas opiniones que pueden ser expresadas sin miedo a ser perjudicado en el ámbito de la integración social. En la misma línea, Carlos Huneeus ha argumentado persuasivamente, además, que una característica del elector cercano a posiciones de derecha es no decir por quién vota.

Sexta razón: Gran parte de la desazón en la Alianza por Chile asociada a los resultados mostrados recientemente por Joaquín Lavín en las encuestas dice relación con que muchos analistas tienden a extender los resultados relativos de intención de voto no sólo a quienes manifiestan una preferencia, sino que también a quienes no lo hacen, replicando las proporciones obtenidas a la muestra completa. Ello es incorrecto desde todo punto de vista. No hay razón alguna para suponer que las preferencias agregadas de quienes dan su opinión sean iguales a las de quienes no las dan. Primero, obviamente, porque no debe suponerse que los dos grupos de electores son iguales en preferencias cuando se sabe que no lo son en otros aspectos, tales como la composición sociodemográfica, cultural y, por de pronto, que un grupo responde y el otro no lo hace; segundo, por la espiral de silencio antes expuesta (se silenciarían más preferencias entre las opiniones percibidas como minoritarias); tercero, porque supone que las preferencias no son afectadas por el proceso electoral en curso, lo que significa suponer que la campaña es inocua. Sin pretender exagerar o sobredimensionar el rol que éstas cumplen, dadas las razones indicadas en párrafos anteriores su importancia no es menor. Sólo el sentido de su importancia es lo que debe ser precisado en una discusión al respecto.

Séptima razón: Se ha atribuido a las opciones mayoritarias la capacidad para promover un apoyo aún mayor asociado a una pretendida tendencia del electorado de sumarse al candidato ganador. Este efecto, conocido internacionalmente como "bandwagon" o "voto estratégico" (habitualmente traducido en Chile como "subirse al carro de la victoria"), debe ser dimensionado adecuadamente. Efectivamente, es razonable y esperable que se dé. No obstante, ello no dice relación con la situación objetiva sino que con una percepción subjetiva acerca de cuál es la opción ganadora. Esta percepción, por cierto, depende del segmento del electorado del que se trate. Es, por otro lado, una dinámica que opera en complementación con otros determinantes, actuando en el margen sin oponerse a factores más sólidos. Además, existe una dinámica contraria conocida como efecto "underdog", que, en términos agregados, neutraliza en mayor o menor medida el efecto de aquél.

Octava razón: Un elemento esencial para valorar el apoyo obtenido por Joaquín Lavín en las mediciones recientes es que la campaña apenas está comenzando. En un párrafo anterior señalamos la importancia de las campañas como procedimiento de activación de las preferencias, en el marco de un proceso político específico. Aquel resultado, por definición, decae con el tiempo. De ahí que para lograr ser electo en una próxima oportunidad deba volver a hacer una campaña exitosa en reforzar a aquellos que lo apoyan y en volcar hacia sí las preferencias de los sectores aún no decididos o transitoriamente más dispuestos hacia otro candidato. Entonces, lo que las encuestas del momento actual miden es el residuo o remanente de preferencias de la campaña de 1999. Obviamente ha de ser más bajo que los resultados de encuestas cercanas a aquella elección y que la votación efectiva obtenida en aquella oportunidad.

Novena razón: Las medidas que habitualmente se utilizan para dimensionar la intención de voto no captan la intensidad de las preferencias, pues una variable categórica no es sensible a la proximidad relativa hacia los candidatos. Dada la dinámica psicológica de formación de apoyos y opiniones, es razonable esperar que muchos electores tengan diferentes niveles de adhesión hacia el candidato, que oscilan en un continuo entre el apoyo "duro", hasta una simple exclusión del rechazo a él ("no me gusta especialmente, pero no descarto la posibilidad de terminar votando por él"). A medida que avanza el período electoral, este último tipo de apoyos se hace cada vez más importante y, en virtud de las características de aquel grupo, es donde la principal lucha electoral tiene lugar. En los estudios que habitualmente se dan a conocer, sorprende la ausencia de una, al menos breve, batería de medición de actitudes que entregue la información para tomar decisiones respecto al grupo en cuestión.

Décima razón: Para terminar, es conveniente recordar algunos asuntos de orden metodológico. Por ejemplo, es relevante el universo al cual se refiere la encuesta y del cual se extrae la muestra. Habitualmente, sólo se hace un muestreo en Santiago; algunas veces, los grandes conglomerados urbanos; casi nunca, en el resto del país. Así, los resultados de una encuesta sólo se refieren a las localidades en las cuales ésta se aplicó y, por ende, suelen no ser comparables entre sí. Algunas preferencias son más frecuentes en los sectores rurales, por ejemplo, y no incluirlos significa subestimar la presencia de aquellas. La forma en que se extrae la muestra es también extremadamente relevante. El ejemplo clásico es de 1936, en Estados Unidos: una enorme encuesta, pero con un muestreo inadecuado, dirigida por la publicación Literary Digest anunció el triunfo de Landon sobre Roosevelt. Si usted no sabe quién es Landon, eso le permite apreciar que la técnica de muestreo no es indiferente. Por último, está probado que factores como la redacción de las preguntas, las escalas y categorías de respuesta que permiten, su ubicación en el cuestionario, entre otros, tienen un efecto significativo sobre las mediciones.

Con todo lo indicado en las diez razones mencionadas, debiera bastar para asumir que el alarmismo en la Alianza por Chile es exagerado. Falta toda la campaña y, como se ha indicado, varios meses de proceso político. No estamos diciendo que las encuestas no sean útiles y el monitoreo de la intención de voto sea una pérdida de tiempo. Por el contrario, las encuestas proveen de un excelente método para asegurar la sintonía fina con el electorado, en la medida en que sean correctamente examinadas.

Directora: María Luisa Brahm B.

Editor: Marcel Aubry B.