Ataquemos el problema y no los síntomas
Hemos conocido un nuevo caso de corrupción en programas de adquisición de material de defensa. Los eventos se repiten en el caso de la adquisición de tanques Leopard 1V y de los Mirage Elkan; cifras relevantes de dinero son entregadas por la empresa proveedora o alguna de sus filiales a funcionarios del Estado chileno en la forma de comisiones ilegítimas e incompatibles con sus cargos y responsabilidades.
De la misma forma que en el caso de los aviones Mirage, solo se ha detectado el destino de parte de los dineros, quedando sin aclarar montos sustanciales de los fondos que las empresas certifican haber entregado irregularmente a los representantes del interés público chileno.
El Ministro de Defensa de la época en que se dieron ambas situaciones ha declarado a la prensa no haberse enterado de la situación y agregó que, de haberlo estado, habría informado a la justicia. Cabe aclarar que el proceso de adquisición de material bélico comienza con una propuesta de compra presentada por las instituciones, la cual debe ser conocida por el Ministro de Defensa. Luego, debe ser aprobada por el Consudena, donde participa y firma el Ministro de Defensa junto a otros ministros. Posteriormente se dicta un decreto supremo que autoriza la transferencia de fondos y sólo en esa etapa los ejecutores podrían haber firmado el contrato. Todo lo anterior ocurre sin considerar la coordinación que tuvo que existir entre los actores políticos, militares y civiles involucrados (fabricante, vendedor, comprador). Al contrario, Pérez Yoma nos intenta decir lo contrario. ¿Ninguna autoridad ministerial revisó con los vendedores qué se compraba? ¿Nadie consultó a los vendedores los montos involucrados?
Ante una situación como la descrita una salida sería perseguir responsabilidades de forma específica y puntual, y dejar las cosas ahí, como si fueran excepcionales e irrepetibles. El problema, que nos sugiere esta situación es que el sistema en su conjunto no está funcionando. Esto es doblemente grave y nos obliga a revisar qué está ocurriendo.
Actualmente, el Ministerio de Defensa realiza una gestión opaca y carente de transparencia que afecta a las decisiones sobre los procesos de adquisiciones de equipos militares. Lo que es más grave, no tiene controles ni chequeos de parte de órganos internos y externos. No es de extrañar entonces que se generen opciones de corrupción, coimas o simples errores de gestión. Es difícil imaginar un sistema de control más ineficaz que el que ha existido en este ámbito.
Ante esta situación, resulta evidente que se requiere modernizar el sistema de adquisiciones y asignación de recursos . Esto implica que no puede subsistir la desconexión entre el presupuesto de operación y el de inversión, ambos con orígenes de recursos y mecanismos de aprobación distintos. También supone que la participación de cada fuerza armada en el presupuesto total debe depender sólo de los roles que tiene definidos en la planificación de defensa de mediano y largo plazo.
Asimismo, creemos que, si bien el rol del Congreso hoy está circunscrito a la aprobación del presupuesto, su injerencia en temas de defensa debería ir, sin embargo, más allá. Una atribución fundamental del Congreso debiese ser la aprobación de las adquisiciones de sistemas de armas, que hasta ahora ha recaído solo en el gobierno. Asimismo, el Senado debiese emitir su opinión respecto de la estrategia de defensa nacional (opinión no vinculante para el Ejecutivo, pero relevante en la discusión nacional) y, por otra, el Ministro de Defensa debería rendir cuenta anual ante el Congreso, como lo hace hoy, por ejemplo, el Presidente del Banco Central.
En poco tiempo más estos casos serán dados por pasado. Por ello, urgimos a hacer todo lo posible para que la corrupción, en cualquiera de sus formas, sea erradicada del ámbito de las adquisiciones militares (y ojalá de la sociedad). Eso implica llevar adelante una reforma completa del proceso de compra de material bélico y generar la transparencia que la sociedad demanda y que no se ha implementado por años.