Se consolida la hostilidad de la izquierda
La reciente encuesta realizada por el Centro de Estudios Público (CEP) nos permite insistir en el estudio de la odiosidad en los electores y el rechazo a los líderes políticos de nuestro país, tema que ya ha sido analizado anteriormente en el Instituto Libertad, así como en otros círculos.
Hace justo un año, el economista Sergio Melnick publicaba un artículo titulado “La odiosidad se expande al galope” , en el que señalaba que la encuesta CEP de julio de 2008 hacía notar, por un lado, que la calificación negativa de los líderes políticos había aumentado con respecto a 2007 y, por otro, que los ciudadanos identificados con la izquierda y centroizquierda eran notoriamente menos tolerantes que el resto de los electores y tendían a opinar de sus adversarios en términos más negativos que éstos. A partir de ello, Melnick sentenciaba que los votantes de izquierda “no han logrado entender que es legítimo discrepar en las ideas, y respetarse completamente en lo personal. Incluso se puede ser amigos” (1).
La odiosidad de la izquierda ha sido también tratada por nuestro Instituto, en el Informe Especial Nº 194, “Evaluando la odiosidad de la izquierda” , donde verificamos la hipótesis de que la polarización en el país sería producto de la intolerancia de los sectores identificados con la izquierda y la centroizquierda con respecto a la clase política en general y a los líderes de centro y derecha, en particular. Tomando los resultados de la misma encuesta CEP, se descubrió que el rechazo hacia dirigentes de la Alianza no sólo fue mayor que el rechazo hacia líderes de la Concertación , sino que la evaluación negativa de los personeros de la Alianza aumentaba significativamente entre los ciudadanos de izquierda, siendo notoriamente mayor que el rechazo expresado por el sector de centroderecha al valorar los liderazgos del conglomerado gobernante.
El mismo estudio vaticinó que se trataba de un fenómeno en alza y es por eso que, a un año de dicha investigación, vale la pena actualizar los números y complementar los datos con aquéllos proporcionados por la reciente encuesta CEP de junio de 2009.
De acuerdo con las últimas cifras del Centro de Estudios Públicos, la odiosidad de la izquierda hacia los líderes se ha mantenido estable y ha permitido consolidar el fenómeno del que hablaban Melnick, Izquierdo y Rodríguez: los electores autocalificados de izquierda son mucho más severos al evaluar la gestión de los dirigentes de la Alianza , que sus pares de derecha al evaluar a los políticos concertacionistas, como muestra el gráfico 1. Se aprecia una tendencia consistente en el tiempo, en la que se distingue la notoria diferencia entre el nivel de hostilidad de uno y otro sector.
Gráfico Nº 1: Evaluación negativa del adversario

Fuente: elaboración propia, a partir de los datos de le Encuesta CEP de junio de 2009.
El mismo gráfico nos permite inferir otro juicio: la odiosidad hacia nuestra clase política ha aumentado desde 2007 a la fecha, en todos los grupos ideológicos. En efecto, la tabla 1 muestra que los niveles de rechazo a los líderes políticos ha aumentado para todos los sectores de la población, salvo para quienes no se identifican con ningún conglomerado.
Tabla Nº 1: Aumento en la evaluación negativa por identificación política del ciudadano
|
Total Muestra |
Derecha + Centroder |
Centro |
Izquierda + Centroizq |
Sin identifi-cación política |
Dic 2007 |
27,5 |
27,9 |
25,2 |
28,6 |
28,1 |
Jun 2009 |
29,2 |
33,5 |
27,6 |
29,9 |
27,1 |
Diferencia |
1,6 |
5,6 |
2,4 |
1,3 |
- 1,0 |
Fuente: elaboración propia, a partir de los datos de le Encuesta CEP de junio de 2009.
Estos resultados son coherentes con la hipótesis de la investigación ya mencionada, que propuso la teoría de una polarización en el país a partir de la intolerancia de la ciudadanía identificada con la izquierda. Estos números explican una clara consecuencia de tal hipótesis: el modus operandi de la izquierda habría repercutido en una polarización del país en bloques vigorosamente antagónicos, como respuesta para la hostilidad de un sector que durante mucho tiempo sólo ha perseguido la lógica del “avanzar sin transar”, como comenta Melnick en su artículo.
Sin perjuicio de lo anterior, las cifras de la encuesta CEP 2009 también nos dicen algo con respecto a la hostilidad de los electores de ambos bloques con respecto a los dirigentes políticos de la Concertación y la Alianza. El gráfico 2 indica que sólo la opinión negativa de los electores de izquierda respecto de los líderes concertacionistas se ha mantenido relativamente estable en el tiempo; el resto de los grupos ha aumentado significativamente desde 2007.
Gráfico Nº 2: Rechazo de ambos sectores

Fuente: elaboración propia, a partir de los datos de le Encuesta CEP de junio de 2009.
Un efecto que ha tenido esta larva de odiosidad en nuestra sociedad dice relación con el rechazo que recibe el candidato presidencial de la Coalición por el Cambio, Sebastián Piñera. Pese a aparecer como virtual triunfador de las próximas elecciones en todos los sondeos realizados hasta la fecha, la negativa a votar por él ha aumentado en los últimos meses.
Sin embargo, tal aumento no ha sido uniforme: quienes declaran que tienen decidido no votar por Piñera son en su mayoría ciudadanos autocalificados de izquierda (70,5%) y de centroizquierda (59,4%), partidarios del PC (70,6%), del PRSD (66,7%) y en menor medida, del resto de partidos de la Concertación (con cifras entre el 50% y el 60%). Sorpresivamente, sólo un 34,3% de quienes se consideran cercanos al PH declaran que no votarán por Piñera.
Por el contrario, en las variables sociodemográficas, como sexo, edad o nivel socioeconómico, el nivel de negativa a votar por el candidato de la Coalición por el Cambio, se ubica siempre bajo los 50 puntos, lo que es congruente con la media general de la muestra: un 45% ha decidido no votar por él, cifra similar al 44% que recibe Eduardo Frei, pero muy distinta a los niveles de rechazo que Piñera tiene en los ciudadanos políticos cercanos a la izquierda, como acabamos de señalar.
A partir de todo lo anterior, podemos decir que se consolida la tesis de que el elector de izquierda tiende a ser más hostil con sus adversarios políticos que el de centro o el de derecha. Esto permite subrayar la idea de una suerte de “polarización” entre bloques, que impide ver al que piensa distinto como un actor válido dentro del juego democrático sino como un enemigo al que hay que vencer. Es lo que se aprecia en la odiosidad que sufre Piñera por distintos sectores, sólo por representar a un sector.
Es necesario hacer notar la urgencia de revertir sustancialmente esta forma de ver el país, pues mantener ese clima de beligerancia entre sectores que piensan distinto sólo llevará a una crisis en la democracia chilena que podrá tener enormes secuelas en el largo plazo. La izquierda debe modificar su manera de hacer política, la que muchas veces consiste en descalificar al opositor y realizar juicios baratos, basados en apariencias, en prejuicios o en antojadizas analogías con períodos poco afortunados de nuestra historia, que nadie quiere volver a repetir.
(1) Melnick, Sergio. “La odiosidad se expande al galope”. La Segunda , 17 de julio de 2008, página 4.