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29 DE MAYO DE 2009

atacaratalayara


Ejes de campaña:
algunas cosas que recordar hasta diciembre

La Alianza tiene que negociar con los nietos de Pinochet que presionan con romper el doblaje en Las Condes. A la vez, lidia con pretensiones de Chile Primero, del Movimiento de Humanistas Cristianos y otros grupos que quieren tener algún representante listas parlamentarias de centro derecha. Así ha llegado a ser la Alianza , hoy; más diversa, más compleja y más tolerante, lo cual responde a la aspiración de amplitud electoral, único recurso que permitiría llegar al poder en diciembre próximo.

El desafío de ampliar las fronteras más allá de los límites tradicionales, impuestos en la política chilena desde 1988, está dando frutos. El fenómeno se observa desde hace algunas elecciones presidenciales, pero nunca se había encarnado tanto como lo ha logrado en la persona de Sebastián Piñera. De hecho, sabemos que cerca de un tercio de las personas que dicen haber votado “No” en el plebiscito de 1988 apoyan a Piñera y, asimismo, un 22% de quienes votaron Bachelet en 2005 hoy se manifiestan partidarios del candidato de la Coalición por el Cambio.

La amplitud de Sebastián Piñera es evidente. De hecho, la trayectoria del candidato soporta esa característica, que lo constituye en un receptáculo de sensibilidades diversas. Por ello, su decisión de votar en contra del continuismo militar en 1988 legitima su posicionamiento centrista. De hecho, hoy capta un 38,3% de quienes se identifican con posiciones de centro e, incluso, con el 16,2% de quienes se identifican con la izquierda.

Lo anterior demuestra, también, que Piñera ha avanzado, desde 2005, en la estrategia de captar al elector mediano (o moderado, de centro, razonable, con matices que borran el blanco y negro de la política pre 1973). En otras palabras, la adhesión alcanzada por el candidato no es fruto de la simple naturaleza y el consentimiento espontáneo de una masa, sino que es fruto de un trabajo y un esfuerzo deliberadamente diseñado para captar un nicho electoral que, antes, no se inclinaba por esta candidatura.

Además, otro de los éxitos inéditos para la centro derecha ha consistido en lograr imponer los valores en torno a los cuales está girando la campaña presidencial. Al contrario de lo ocurrido en 1999 y 2005, el sentido común se ha instalado en la necesidad de provocar la segunda transición chilena. Esto consiste en someter a prueba y a la tensión que necesitan nuestras instituciones para lograr la prueba de la blancura. El test democrático más fatal consiste en que los titulares del poder estén en condiciones de perderlo y, de hecho, lo hagan.

La provocación del electorado a través de la invitación al reemplazo de una élite gobernante que lleva 20 años enquistándose a las lógicas del poder, la renovación de los cuadros técnicos, la alternancia en el poder, el sentido cambio, provoca hoy completo sentido a una gran masa electoral. Ha sido tan profunda la imposición de éste, como el valor predominante de la campaña, que otros candidatos se han sumado a la demanda, aunque limitados por su origen, como es Marco Enríquez-Ominami. El cambio es, entonces, una reivindicación planteada por la Alianza y que la nueva coalición se apronta a hacer realidad.

En términos masivos, la demanda por cambio implica, necesariamente, superar las principales críticas que la opinión pública realiza a las coaliciones de partidos. Estas críticas apuntan a que ellas aparecen como susceptibles de corromperse. Sabemos que en Chile las personas esperan que un 48% de los funcionarios públicos caiga en prácticas cercanas a la corrupción. Asimismo, la gran masa califica la actividad política como extremadamente conflictiva. Y, por último, critican que la política se preocupa más del pasado que del futuro.

En todos estos ejes Sebastián Piñera ha trabajado con relativo éxito. Ha logrado inculcar en los electores la idea de que es el más preparado para conducir en forma honesta los recursos de todos los chilenos. Asimismo, logra transmitir mejor la señal de que Chile volverá a crecer y a crear empleos, lo que proyecta de mejor forma la necesidad de provocar esperanza en el futuro.

Aunque ha sido difícil, la Alianza se mantuvo en paz bastante tiempo y permitió dejar fuera a Piñera de las escaramuzas que se producen siempre en períodos preelectorales. Así, alejado del conflicto político, Piñera ha podido perfilar mejor su candidatura, sin caer en los errores que cometió Lavín, quien no aguantó como candidato presidencial, líder del pacto y a la vez alcalde.

Por último, la mirada siempre fija en el horizonte. Mirar hacia delante y proyectar las ansias de ser mejores. Crear un sueño colectivo, que empuje al desarrollo y no quede anclado a la nostalgia de la vieja república. En resumen, superar el trauma del 73 y provocar el despeine total de las estructuras de coaliciones políticas.

Algo de esto y, por cierto más, explica el éxito de la campaña desplegada ya en todo el país. Moderación, honestidad, templanza y visión. Todo lo que hace ruido con esto debe quedar fuera de la campaña presidencial y ser desplazado para otro momento. Lo que hoy se impone es tolerancia y diversidad, más que división y pasado.

José Miguel Izquierdo S.