OP 1033 Caída en la Inversión Deprime Crecimiento del PIB Potencial

Todos los años, desde comienzos de la década de los ‘90, el Gobierno convoca a un Comité Consultivo para el PIB de tendencia con el objeto de estimar el Producto potencial de la economía, variable que servirá como insumo clave en el cálculo del balance estructural de las cuentas fiscales. El resultado de este Comité no es trivial, pues incide directamente en el diseño de una política fiscal compatible con la meta de balance estructural prevista por la autoridad.

Para determinar la evolución del Producto tendencial, los expertos evalúan el stock de capital y las expansiones de la fuerza de trabajo y de la productividad total de factores. La trayectoria de estas variables determina las posibilidades de crecimiento de la economía y también los grados de libertad de la política fiscal. Lamentablemente, desde hace algunos años que los especialistas vienen recortando sistemáticamente sus apreciaciones para el Producto tendencial, y 2016 no es la excepción.

Fuente: Elaboración propia en base al Ministerio de Hacienda.

Los datos desde 2014 en adelante corresponden a estimaciones.

En los ’90, el ritmo de crecimiento del PIB de tendencia superaba el 7,5% anual, mientras que desde mediados de la década pasada la cifra se corrigió hasta niveles inferiores a 5%. La estimación utilizada por el Ministerio de Hacienda para el Presupuesto 2015 apuntaba a una variación de 4,3% anual, cifra que hoy el mercado la ha recortado a menos de 4%. Sin duda que los efectos de la crisis externa ha afectado la capacidad de crecimiento de la economía local, pero no ha sido el único elemento responsable en el menor PIB de tendencia. En efecto, esta pérdida de dinamismo también podría ser reflejo de una menor inversión de las empresas en respuesta al alza en los impuestos a los ingresos corporativos recientemente aprobada; por otra parte el exceso regulatorio ha minado la confianza del consumidor, llevando a una desaceleración en el consumo; y todo en un contexto económico en el que se mantienen importantes trabas que impiden ganancias de productividad, como la estrechez energética, la falta de capital humano y la judicialización de proyectos, entre otras.

Si bien el PIB de tendencia representa una estimación del crecimiento de largo plazo, las oscilaciones económicas de corto plazo, asociadas a los ciclos políticos, influyen significativamente debido a la incertidumbre que se instala sobre el carácter temporal o permanente de los factores determinantes del ciclo, que hoy se mueve por debajo de su capacidad potencial.

Uno de los elementos que más ha incidido en el ajuste en el PIB tendencial es la caída en la inversión privada. El ejercicio recién pasado terminó con una caída de la inversión en capital fijo del orden de 6,1% de acuerdo a lo informado por el Banco Central, principalmente en el componente maquinaria y equipos (-18,8% en doce meses). Los distintos indicadores conocidos no revelan un cambio de tendencia en materia de inversión, más aún, es probable que estemos en presencia de un cambio estructural que lleve a la economía a crecer más cerca de 3% que de 4%. Así lo indican los significativos ajustes al modelo económico que nos rige.

Fuente: Elaboración propia, Banco Central.

Un factor adicional que preocupa a los especialistas, es que en la actualidad la brecha de capacidad (o la diferencia entre el PIB efectivo y el PIB potencial) es prácticamente inexistente en comparación con años anteriores. Este fenómeno estadístico es también observable en que las presiones inflacionarias no han cedido pese a que la actividad se expande en niveles inferiores al 2%, y en que tampoco el desempleo haya aumentado sensiblemente. Lo preocupante de esto radica en que el desempeño de la economía no se encontraría desalineado de sus reales capacidades, y en que deberemos conformarnos con un ritmo de crecimiento mediocre en el largo plazo.

Perspectivas para la Política Fiscal

Un menor crecimiento del PIB tendencial también tiene consecuencias sobre la política fiscal. El año 2014 terminó con una sobre ejecución presupuestaria, lo que significa que el Estado está gastando más de lo que puede generar, en el marco de una política fiscal que busca expandir el gasto público en periodos de crecimiento bajo, con el compromiso de desacelerar el gasto cuando la economía se haya recuperado.

Sin embargo, los recortes en la tasa de crecimiento del PIB tendencial llevan a un ajuste a la baja en los ingresos permanentes del Fisco, lo que repercute en postergar la convergencia hacia el balance estructural de las cuentas públicas, rompiendo uno de los principales activos del país en materia de política económica, el respeto a las reglas autoimpuestas que entre otras cosas, han permitido que Chile integre las principales organizaciones internacionales, como la OCDE.

En efecto, con un PIB potencial creciendo a tasas muy bajas, con un precio del cobre de tendencia inferior a lo proyectado, se hace entonces muy difícil cumplir con los compromisos adquiridos, y el margen de la política fiscal disminuye progresivamente. Hasta ahora la leve recuperación en los indicadores económicos se sustenta en la inversión pública, en la capacidad del Gobierno para ejecutar el Presupuesto, sin embargo en un contexto en que la política fiscal está perdiendo grados de libertad surge la inquietud sobre qué tan sustentables son los llamados “brotes verdes” que las autoridades observan, toda vez que en ellos existe un pecado original, son producto de la inversión pública y no de un mayor clima de confianza empresarial que signifique un cambio de tendencia en la inversión privada, motor del crecimiento y desarrollo del país.

 

AUTOR:: Gustavo Díaz y Trinidad Lecaros Economistas