Nº 40 Mujeres En El Poder: Subrepresentación A Nivel Regional-Municipal

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Introducción:

 

La presente perspectiva aborda la paridad de género a nivel regional-municipal. Analiza, por tanto, la influencia de la mujer en política a nivel subnacional, específicamente los cargos de Intendente, Gobernador y Alcalde. Nuestra hipótesis es que la participación de mujeres en estos cargos es muy baja debido a dos variables fundamentales, por una parte la influencia de los partidos políticos en la elección y designación de los cargos y segundo, debido a la variable histórico cultural que determina la sociedad chilena. A partir de lo anterior, se discuten posibles alternativas para la realización incentivos eficaces  y permanentes que contribuyan a una mayor participación de las mujeres.

Si analizamos el concepto madre de lo que significa la democracia, uno de los sentidos más amplios de esta lo constituye el gobierno conducido con el consentimiento libre y soberano del pueblo, y donde todos sus ciudadanos tienen el mismo derecho de participar activamente en esa conducción. Sin embargo, ¿Qué sucede cuando ese derecho no se cumple en la práctica? ¿Cómo elegir candidatos idóneos que han sido previamente designados por las cúpulas partidarias?, ¿Cómo nos enfrentamos como sociedad a la conducción de mujeres en las altas esferas de poder o en cargos de dirección pública? Y, finalmente ¿Cómo se evidencia lo anterior a nivel regional-municipal?

En nuestro país, las interrogantes antes mencionadas no distan mucho de la realidad, la participación en espacios públicos y cargos de Alta Dirección Pública son, en la mayoría de los casos, conducidos por hombres, por lo que no existe igualdad de condiciones que permitan una mayor diversidad para mediar de manera efectiva los intereses de la ciudadanía.

Existen variados estudios sobre la representación que ejercen las mujeres a nivel legislativo, ya que por una parte son cargos con una gran responsabilidad y permiten hacer comparaciones con otros países del continente y del mundo. Sin embargo, está representación también debe observarse a nivel subnacional, aún más cuando estas instituciones se encuentran más cerca de la comunidad y permiten un trato más directo  que aquellas relaciones que se producen en las altas esferas de poder con cargos parlamentarios y/o ministeriales.

Al tenor de lo expuesto, el objetivo general de esta perspectiva es analizar la representación femenina a nivel regional-municipal, específicamente en el caso de Intendentes, Gobernadores y Alcaldes. A partir de los resultados obtenidos se pretende generar una discusión que evidencie las principales causas de estos resultados. La metodología utilizada para lo anterior es de carácter mixta ya que presenta elementos cualitativos de análisis de texto y cuantitativos en el uso de estadística para la configuración de gráficos explicativos.

Marco Teórico  

Dentro de nuestra carta fundamental el artículo 1º de la Constitución señala que “las personas nacen libres en dignidad y derechos”(Ministerio Secretaria General de la Presidencia, 2012, p. 1), esto responde a uno de los principios de la democracia y por tanto otorga una importancia mayor a la hora de hablar de la participación de hombres y mujeres en la vida pública y/o privada.

Desde hace más de dos siglos se ha venido reflexionando y discutiendo acerca de la desigualdad de las mujeres por razón de su género, lo que tiene como efecto una discriminación abierta y muchas veces encubierta que se refleja hasta hoy en las distintas esferas de poder y, en especial en acceso de cargos relevantes al interior de la política.

Algunos esfuerzos han intentado ponerse en marcha en Chile, como por ejemplo el Proyecto de Ley que modifica los diversos cuerpos legales con el objetivo de promover el derecho de las mujeres a participar en la vida pública ingresado en el año 2003 y que se encuentran durmiendo en el Congreso.

Recientemente el Presidente Sebastián Piñera envió al Senado un Proyecto de ley que busca otorgar igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres con cargos de elección popular, a través de un incentivo pecuniario a las mujeres para que participen en política(Piñera, 2013, pp. 6–7). Sin embargo esta aún no ha sido aprobad. Lo anterior respalda claramente la evidencia de que existe una falta de voluntad política por parte de elite en sacar adelante proyectos que incentiven una mayor participación de las mujeres.

A partir de lo anterior, es preciso reconocer algunas definiciones y terminologías para no producir confusiones cuando hablamos de género, igualdad y, participación, sumado a ello es necesario conocer aquellas teorías que nos permiten sustentar nuestros argumentos y enmarcar el análisis dentro del marco académico adecuado para analizar la representación de la mujeres a nivel subnacional.

De acuerdo a la definición elaborada por PNUD, “género” se entiende como los atributos sociales y las oportunidades asociadas con el ser femenino y masculino y las relaciones entre mujeres y hombres, niñas y niños, como también entre las mujeres y los hombres. Aquellos atributos, oportunidades y relaciones son construidas de manera social y son aprendidas mediante procesos de socialización que irán variando de acuerdo al contexto social y temporal. Así, el género determina lo que se puede esperar, lo que es permitido y valorado en una mujer y hombre dentro de un contexto dado (PNUD, 2010, p. 14).

En efecto, la definición de hombres y mujeres ha sido demostrada como una construcción social, generando una diferenciación jerárquica y excluyente entre uno y otro que ha dado paso a innumerables efectos que se evidencian, por ejemplo, en la baja participación femenina en cargos de poder que en suma, produce una gran desigualdad(PNUD, 2010, p. 28)

Hablar de igualdad, es por tanto,  hablar del principio que reconoce a todos los ciudadanos la capacidad que tienen para ejercer los mismos derechos(RAE, n.d.). Al avanzar en una operacionalización de la misma definición, esto significa que para nosotros la persona humana es definida ante todo por ser sujeto de su propia vida, por la libertad para decidir cómo vivir y por su capacidad como ciudadano ante la sociedad. En este sentido todos son iguales y no existe diferencia alguna, natural o creada, que pueda limitarla.

Dentro de la literatura encontramos que uno de los aspectos más sobresalientes de las teorías feministas contemporáneas sobre política es su compromiso común, en principio, con el concepto de democracia, a pesar de la realidad histórica y política de la sujeción de las mujeres, de su subordinación, subrepresentación y privación de derechos como ciudadanas en los estados democráticos modernos. La teorización feminista se ve a sí misma no sólo como un proyecto interpretativo, sino también como un proyecto de emancipación, ha buscado articular los problemas de la democracia con una visión dirigida a las estrategias de representación y participación, capacidad de acción colectiva y libertad, que incluyan los principios y metas feministas(Dietz, 2005, p. 199).

Otras teorías expresan a su vez  que la concepción de ciudadanía sexualmente diferenciada basada en la idea de igualdad reconocería a las mujeres como mujeres, valoraría el cuerpo femenino y privilegiaría ciertas habilidades sociales presuntamente femeninas (intimidad, capacidad de atención, relacionalidad, autodefinición relacional, reciprocidad) y prácticas sociales (maternaje, prestación de cuidados, resolución de conflictos) hace un llamado a una forma de gobierno que sea empática con las mujeres y con la multiplicidad de sus intereses (Dietz, 2005, pp. 200–201). Sin embargo, el acceso a los lugares de poder y toma de decisiones está directamente relacionado con las relaciones de poder que se establecen al interior de una sociedad. La mujer, relegada culturalmente al espacio privado, al hogar, participa de manera desigual en los espacios conformados por lógicas masculinas como el mundo del trabajo. Estas relaciones se reproducen al interior de los hogares, en el trabajo y en el sistema político. Los partidos políticos tienen una responsabilidad en este sentido, ya que los candidatos son rara vez elegidos por votación popular y suelen designarse en las direcciones, ya controladas por hombres (Amar, 2007, p. 34).

A continuación realizaremos algunos alcances respecto a lo que sucede a nivel nacional, para luego analizar el nivel subnacional.

Descripción y Análisis: 

La participación política de las mujeres en cargos de representación popular, a pesar de ir en aumento con el paso del tiempo, sigue siendo baja y representa una problemática para la democracia, en cuanto la mujeres no reciben las mismas oportunidades para participar en el espacio público, sino más bien se ven relegadas por distintas circunstancias, entre las que destacan, la variables histórico cultural de Chile que durante largo tiempo las situó como mujeres carentes del capital social y político necesario para poder llevar a cabo las responsabilidades que involucra la política activa.

Sumado a lo anterior, los efectos que tiene para la mujer en su vida privada y la constante tensión que se produce entre lo doméstico y lo político se asocia a un gran costo personal y público.

“Los hombres en general reconocen que las mujeres están subrepresentadas en los cargos regionales y nacionales del partido  -mesas directivas, comisión política, directivas nacionales, consejos o comité central–, aduciendo “factores culturales”: por un lado, la dicotomía “vida pública- vida privada de las mujeres”, es decir, tiempo para dedicar a la familia v/s tiempo para la política, y por otro, razones de índole “personal”. (Nuñez & Acuña, 2011, p. 26).

Por otra parte, la gran influencia de los partidos políticos en las designaciones a la hora de presentar candidatos a una elección, o de influir en las designaciones de cargos de confianza, responde a una lógica partidista que debe analizarse en la práctica y, que a su vez debe reformular las estructuras partidarias y contribuir a un mayor desarrollo cultural en donde las mujeres puedan aspirar a la misma participación que hoy día tienen los hombres.

En el ámbito regional-municipal la situación como observaremos a continuación demuestra mediante los datos que las designaciones y a su vez los cargos de representación popular se encuentran liderados por hombres.

Los mismos partidos en entrevistas señalan que en los congresos, consejos y juntas, los propios parlamentarios y mesas directivas van configurando posiciones y visiones, y en estas la cuestión de género no es parte de la agenda. Así mismo los partidos en general, si bien reconocen cambios en la sociedad chilena, no manifiestan voluntad política para profundizar o dar un salto cualitativo en estas materias(Nuñez & Acuña, 2011, pp. 32–33).

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Como se puede apreciar en el gráfico 1, la distribución de intendentes[1] por sexo a nivel nacional es muy desigual, el 86,67% de los Intendentes son hombres y solo el 13,33% mujeres, lo que en cifras reales indica que trece de los quince intendentes de nuestro país conducen los gobiernos regionales. Es necesario precisar que los intendentes corresponden a un representante del Presidente en la Región y que son designados por el mismo, por tanto en esta designación opera la voluntad política del Presidente, sin embargo el Presidente debe responder a su partido y a aquellos que lo respaldan, por lo que la cúpulas partidarias así como las diversas alianzas  que se originan en el espectro partidario o también conocido como sistema de partidos que caracterice el contexto político incidirá en la designación de los intendentes y muchos de los cargos que son designados. En efecto, éste gráfico nos indica que casi en un 90% los Intendentes son hombres. De esta manera se evidencia que no existen mecanismos de acción afirmativa que contribuyan a la promoción de mujeres en este tipo de cargos, Solo la I y la XI región presentan mujeres Intendentas respectivamente.

A continuación observaremos cuál es el comportamiento en el  caso de los gobernadores[2] presentes en las cincuenta y tres provincias que posee el país.

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En el caso de los gobernadores la situación no deja de ser desigual, el 69,82% de los gobernadores son hombres y, sólo el 30,18% son mujeres respectivamente. Las únicas regiones que no presentan al menos una mujer gobernadora son la XV, I, y VI región. Recordemos que los gobernadores también son nombrados por el Presidente de la República y también obedecen a la misma lógica de cúpulas partidarias, a pesar de que hay un porcentaje mayor de gobernadoras que de intendentas, las cifras no son alentadoras.

A continuación presentamos el gráfico 3 sobre distribución por sexo de los Alcaldes electos recientemente en el año 2012.

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Si observamos la realidad comunal de los Alcaldes[3]  debemos reconocer que Chile cuenta con trecientos cuarenta y cinco municipios a lo largo del territorio. De los trecientos cuarenta y cinco Alcaldes elegidos trecientos dos son hombres, representando el 87,54%. Mujeres electas son sólo cuarenta y tres dejándolas con un 12,46% de representación. La representación actual es casi igual que en el año 2008 con un 12,5%(Comunidad Mujer, 2013, p. 3) por lo que no se observa una variación.

Una vez que hemos observado los tres escenarios descritos, vale decir, Intendentes, gobernadores y Alcaldes, es necesario ver el escenario global a nivel regional-municipal para poder observar el porcentaje de mujeres al poder que existe en nuestro país. El gráfico 4 busca visibilizar la situación regional-municipal de las mujeres que actualmente al año 2014 se encuentran en el poder. Es preciso reconocer que dado que este 11 de marzo se realizará el cambio de gobierno, todas las autoridades designadas serán cambiadas, por lo que habrá que realizar la misma medición en alguno meses más de los nuevos Intendentes y Gobernadores que pertenezcan al gobierno de Michelle Bachelet, por lo pronto los porcentajes actuales de representantes del gobierno se evidencian a continuación.

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El gráfico 4 indica que claramente existe una subrepresentación de las mujeres a nivel regional-municipal. Solo las Gobernadoras representan un porcentaje mayor que las Intendentas y Alcaldesas, sin embargo es sólo de un 30% lo que claramente es muy inferior al casi 70% de los hombres Gobernadores.

Cuando observamos que los Intendentes y Gobernadores son designados, vemos claramente que las cúpulas partidarias no proponen mujeres y no tienen al interior de sus partidos reglamentaciones o mecanismos de acción propositiva que incentiven la participación de las mujeres. En algunos partidos como Renovación Nacional no es necesario ya que posee la más alta participación de mujeres militantes, a diferencia de los otros partidos. Los partidos que evidencian al interior de sus partidos una ley de cuotas en Chile son el Partido por la Democracia con una cuota de 40% de participación para las mujeres; el Partido Socialista tiene un 30% y, el Partido Demócrata Cristiano un 20%(Ríos Tobar, International Institute for Democracy and Electoral Assistance, FLACSO (Organization), & Programa Chile, 2005, p. 25). Los otros Partidos Políticos que componen el sistema de partidos chileno no presentan sistema de cuotas al interior de los partidos.

¿Qué hacer entonces con esta realidad? A pesar de que hay partidos políticos que tienen sistemas de cuotas al interior de sus partidos en términos de participación efectiva la situación no ha cambiado y las mujeres siguen subrepresentadas. Creemos que el proyecto de Ley enviado por el Presidente Sebastián Piñera es positivo, sin embargo no basta con entregar un incentivo monetario, puesto que este no es permanente, sino que al cabo de dos reelecciones de una misma candidata el incentivo se pierde. Por tanto éste incentivo debe permanecer en el tiempo para no retroceder en lo que se busca avanzar en el futuro, es decir, en potenciar una mayor participación de las mujeres. Para avanzar en lo anterior, se requiere un compromiso serio de la clase política que busque generar mayor igualdad y diversidad en la toma de futuras decisiones. Michelle Bachelet desde su primer gobierno en 2006 se comprometió a avanzar en esta materia, bastante pocos avances  hubo además de un gabinete paritario que poca duración tuvo, esperemos que en este nuevo gobierno cumpla sus compromisos para avanzar en una mayor igualdad de género.

Conclusiones 

Hablar de la representación de las mujeres en el espacio público de nuestro país no es una discusión desconocida, desde hace varios años las mujeres han buscado mayores espacios de participación y mayor igualdad en el acceso a cargos públicos, así como en la representación de partidos políticos. Los partidos por su parte, dirigidos en su mayoría por hombres no han visto lo anterior como una necesidad para la profundización de nuestra democracia y responden abiertamente que las mujeres no participan porque se preocupan mucho de su vida privada y de cuánto puede afectarles la política en ello, además no existe una voluntad  por otorgar mayores espacios de participación en cargos  de gran autoridad, sino más bien se le han dado espacios durante los tiempos de campaña política para dirigirlas, así como en espacios más comunales, representación de asociaciones civiles, dirigentes, etc. La situación a nivel regional-municipal no es distinta y como observamos en el análisis tanto Intendentes como Gobernadores en más de un 50% son hombres. Para el caso de las Alcaldesas estas sólo llegan a un 12% por lo que la contienda se presenta absolutamente desigual para hombres y mujeres. Se hace necesario establecer reformas legislativas que incentiven de manera permanente a los partidos políticos, como bien lo hizo el Presidente Piñera enviando el Proyecto de Ley al Congreso, buscando que se presenten mayores candidaturas donde las mujeres se encuentren en la papeleta, además de otorgar incentivo pecuniario a quienes resulten electas. Si desde que tenemos democracia no hemos avanzado en igualdad de género por qué de pronto la clase política dominada en su mayoría por hombres va a otorgar espacios para las mujeres?, creemos que se debe avanzar en incentivos reales y permanentes que otorguen un mayor porcentaje de presencia femenina en los espacios de representación.

 

EDITOR RESPONSABLE: Catalina   Riquelme T.,  Cientista Político

 
[1] El gobierno interior de cada región reside en el intendente, quien será el representante natural e  inmediato del Presidente de la República en el territorio de su jurisdicción. Será nombrado por éste y se  mantendrá en sus funciones mientras cuente con su confianza.

[2] Es el encargado de ejercer la administración superior de la provincia. Preside en Consejo Económico y Social Provincial y debe dar cuenta semestral acerca de la marcha de la administración y ejecución de programas y proyectos.

[3] Corresponde a la máxima autoridad de la Municipalidad y en tal calidad le corresponderá su dirección y administración superior y la supervigilará de su funcionamiento.