Llevamos tres o falta uno

Al acercarse el 11 de marzo no sé si hablar del tercer año de gobierno o más bien decir que solo falta un año de este gobierno.

Lo único que tengo claro es la pertinencia de contar con períodos de cuatro años para el gobierno. Si bien es corto para aquellas administraciones que lo hacen bien, es más que suficiente para aquellas que no tienen un destino claro respecto de lo que hacen.

Volviendo a mi dilema de tres o uno. Cuando analizo lo realizado en estos tres años no puedo más que decir lo duro que se ha tornado gobernar el país, más si el gobierno está sustentado por una coalición que está unida exclusivamente por el deseo de poder, donde no existen principios ni valores unificadores para el núcleo gobernante y peor aún, coexisten diferencias profundas en el entramado ideológico de los partidos que la componen –reconocido por sus propios dirigentes-. El caso de la ex ministra Aylwin es más que decidor al respecto.

Otro factor a considerar y que me parece positivo de todo lo vivido, es que aquellas instituciones que en un instante creímos debilitadas de manera profunda, han resistido estoicamente los embates del poder gubernamental y su correlato en el parlamento.

Hablar del modelo y acusarlo de todos los problemas que como país enfrentamos fue parte fundamental del eslogan que le permitió llegar al poder, pero hoy sabemos que el modelo tenía deficiencias, pero no es el causante de los males que enfrentamos y más aún, han surgido voces transversales para volver a retomar el camino perdido.

Esta idea de la retroexcavadora fue quedando sepultada, paradójicamente, en la medida que hacía su trabajo. Las reformas estructurales son evaluadas muy mal, tributaria, educación y laboral no soportan ningún análisis en cuanto a la percepción que la gente tiene de ellas y lo peor es que en el caso de la tributaria sus efectos se han dejado sentir de manera brutal. La educacional logró algo rara vez visto en el país, que las organizaciones sociales marcharan junto a representantes de la centroderecha en las calles, si eso no es al menos extraño, no sé qué más se puede mostrar para graficarlo.

Podríamos exponer lo que señalan los estudios de opinión, donde manifiestan un constante 75% de rechazo a la presidenta y la permanencia desaprobación tanto del gobierno como de sus políticas, la evaluación negativa de sus reformas y la manera de enfrentar las emergencias que surgen en el país. Por más que se busca, no hay indicadores buenos que mostrar.

¿Y si decimos que sólo falta un año para que el gobierno termine? Para un sector del país esta es una mirada más positiva aún, pero implica un escenario no menor de incertidumbre. ¿y quién vendrá?

El gobierno tiene la posibilidad de enmendar parte del rumbo en el cual nos condujo, la situación no está fácil y desde la economía las noticias no son buenas, las cuales pueden repercutir en otros ámbitos del quehacer nacional. Los recursos para el desarrollo de políticas públicas de continuidad, así como las nuevas que el gobierno ha deseado impulsar se ven restringidas presupuestariamente.

Lo más probable es que los indicadores que mostraban una reducción de la pobreza se vean impactados por estos años de mal gobierno, y por tanto continuarán esperando soluciones a sus problemas. También vamos a tener un estancamiento en la movilidad social y para variar será la clase media la que pagará los errores de apreciación de larealidad, así como el alto grado de ideologismo con la cual la coalición gobernante ha enfrentados este período.
Para el gobierno lo mejor que puede suceder es que la campaña presidencial se inicie lo antes posible, sacándolo del foco de atención y con ello dejándolo tranquilo por unos meses. Para el país, lo mejor es volver a retomar políticas que lo reencaminen al desarrollo.

Fuente : La Tercera