A fines de septiembre, la incógnita sobre quien gobernará Rusia por los siguientes seis años comenzó a aclararse; el actual presidente Dimitri Medvediev, frente a los delegados de su partido, Rusia Unida( RU) señaló “ que consideraba correcto que el Congreso de la colectividad apoyara la candidatura del presidente del Partido, Vladimir Putin para la presidencia de Rusia”.
Quien gane las elecciones de marzo, gobernará Rusia por los siguientes seis años, por dos períodos sucesivos, si consideramos la reforma constitucional de 2008, es decir podría hacerlo hasta el 2024, y si es Putin, quien corre como el principal favorito y gobernó al país desde el 2000 al 2008, se convertiría en el líder ruso que más tiempo ha estado en el poder desde Josef Stalin.
Luego del anuncio, la sala en pleno se puso de pie y otorgó a Putin unas largas y estruendosas ovaciones, y el actual mandatario señaló” estoy convencido que elegiremos a nuestro candidato, y a ningún otro”.
Ante la proclamación, Putin le devolvió la mano, al actual presidente y expresó su esperanza en que Medvedev aceptara encabezar su futuro gobierno como Primer Ministro, luego los integrantes de la dupla gobernante se abrazaron en medio de las ovaciones de la sala.
Varios analistas han subrayado que es muy posible que la decisión pueda que la haya tomado o al menos inducido el propio Putin, que sigue siendo el dirigente más popular del país.
Medvedev afirmó “que el primer ministro Putin en la actualidad es, sin duda, el político con más autoridad de nuestro país e incluso destacó que su rating es algo mayor [que el mío]”, y se refirió a sí mismo en tercera persona. Justificó su decisión señalando que en el país debe haber continuidad, más en estos tiempos de incertidumbre, y que resultaba muy necesario saber con anticipación quién se queda al timón del Estado.
El enroque de posiciones entre el todavía primer ministro Vladímir Putin y el todavía presidente Dimitri Medvedev en el congreso del oficialista partido Rusia Unida, fue una suerte de intervención quirúrgica que desató un sinnúmero de debates en el Kremlin, pero lo cierto es que los temores de una involución democrática, parece que no se encuentra entre las prioridades de la opinión pública rusa, y menos es algo que la personalidad y liderazgo de Putin no pueda contrarrestar.
Sin embargo, se notó una espacial preocupación del presidente Medvedev para explicar las razones que tuvo, para tomar esta decisión. Citó a los directivos de los canales rusos de televisión y presentó la decisión como el fruto de acuerdos con Putin, y como lo mejor para el país, dejando la sensación que no había ninguna alternativa a su figura.
Medvedev demostró con ello su disciplina y su lealtad hacia su mentor, recordemos que fue Putin quien lo impulsó hacia la presidencia, pero queda la sensación de cuán lejos está aún Rusia de la democracia representativa. Más aún si para ser ungido candidato a la presidencia, no es necesario contar con apoyos colectivos, ni siquiera de los partidos, no hablemos de la ciudadanía.
En este caso, se impuso la lógica de las “troikas” de la época soviética, siendo el sucesor ungido, sin competencia de ningún tipo, sino en este caso, sólo por la voluntad del actual presidente, o lo más probable del propio candidato Putin y actual primer ministro.
El partido del Gobierno, Rusia Unida, tuvo poco o ninguna influencia en la decisión y eso se hizo evidente en este “enroque”.
Los liderazgos en Rusia se retroalimentan, a partir del culto de ciertos atributos personales. Las colectividades políticas, que en democracias consolidadas, compiten por otorgarle un contenido al voto, a través de un proyecto ideológico o programático, estuvieron ausentes y en este caso sólo se justifican como bases de sustentación de la competencia por el poder, entre distintos líderes, donde prima el más fuerte.
Putin se concentró en recalcar que el trato entre los dos líderes se había alcanzado hace mucho tiempo, como si eso fuera una razón suficiente para prescindir de cualquier competencia” “Quiero decir directamente: varios años atrás, alcanzamos un acuerdo con respecto a qué se haría en el futuro", dijo Putin.
Una declaración como esta habría generado, en Occidente, fuertes críticas de la oposición, si bien hubo algunas, todo indica que en Rusia, la sociedad valora más la estabilidad política, que otros bienes de la democracia.
La oposición rusa reaccionó, criticando el procedimiento utilizado para el lanzamiento de la candidatura, pero no produjo modificaciones sustantivas a los apoyos hacia el actual primer ministro y próximo candidato. Por lejos, es la figura con mayores posibilidades de ganar las elecciones de marzo del 2012.
Por lo tanto, si alguien es capaz de entregar un horizonte claro hacia el futuro, esto puede ser percibido como una gran contribución a la estabilidad del país , es validado, aunque haya sido decidido entre cuatro paredes.
The New York Times comentó que el anuncio pone fin a años de incertidumbre, tanto dentro como fuera de Rusia, con respecto a si Putin se proponía o no aflojar su control sobre el poder.
En el fondo la dupla que hizo el “enroque", dejó claro que no está dispuesta a decir “adiós” de manera individual al control del poder político, sino que lo harán de manera conjunta. Y la estabilidad política, al ser un bien tan preciado en un país que se desintegró cuando desapareció la Unión Soviética, y avanzó en más de una década en medio de convulsiones, hace que la opinión pública, esté dispuesta a disculpar cualquier tipo de procedimientos, con tal de disminuir los niveles de incertidumbres sobre su futuro político.
Medvedev es visto como un hombre más liberal que Putin, sus referentes políticos se encuentran en una democracia al estilo occidental, en cambio a Putin se le percibe como un nostálgico del poderío de la ex Unión Soviética.
No olvidemos que éste señaló en 1991, que el colapso de la URSS “era la catástrofe geopolítica más grande del siglo XX.
Vladimir Putin ex oficial de la KGB, de 58 años, ha hecho varios cambios desde 1999, cuando, después de una carrera a la sombra de las entidades de inteligencia soviéticas, fue seleccionado para que sucediera a Boris Yeltsin en la Presidencia. Sus transformaciones siguieron la suerte de la misma Rusia, manejó el auge petrolero para convertir al país en una presencia desafiante en la escena mundial, pero quedó sumida en una profunda incertidumbre debido al colapso de los mercados financieros en 2008.
Pero también es remota la posibilidad que Putin se preocupe de adoptar reformas que traspasen poder a las instituciones fuera del Kremlin, como se percibió que haría Medvedev en sus inicios. No es su estilo y además tiene otros sueños.
Al comienzo del gobierno "conjunto", de hace tres años, Medvedev hizo de la modernización su sello político, mientras que Putin abogó por la estabilidad.
Putin prometió aumento de salarios y beneficios a los empleados públicos si es elegido en Marzo. Y abogó por "más impuestos para los ricos que para la clase media”. La tarea principal consistirá en la modernización de la economía y su diversificación.
Si le dan crédito a las reiteradas declaraciones del presidente y del primer ministro así como al resto del establishment político ruso, la tarea principal consistirá en la modernización de la economía y su diversificación.
Esto significa que en lo inmediato se pueden esperar condiciones más atractivas para las inversiones en tecnología punta.
Y además reveló como una de sus principales aspiraciones hacer todos los esfuerzos para refundar la grandeza de Rusia en el mundo; promete crear una nueva superpotencia a partir de los países de la ex Unión Soviética.
Anunció su anhelo de formar una "Unión Euroasiática" cuando él retorne al Kremlin como Presidente. El plan tendría como base el Espacio Económico Común (EEC), bloque que fue establecido por Rusia y las ex repúblicas soviéticas de Kazajstán y Bielorrusia, y que comenzará a integrar sus mercados a partir de enero de 2012.
No se trata de "recrear la Unión Soviética ha advertido Putin. E ste nuevo bloque reuniría a las ex repúblicas soviéticas en una "unión económica madura" capaz de rivalizar con la Unión Europea y China.
"Estamos creando un mercado colosal, con más de 165 millones de consumidores, una legislación unificada y libertad de circulación de capitales, de servicios y de fuerza de trabajo”.
No vamos a parar ahí y nos vamos a proponer un objetivo más ambicioso: “movernos al siguiente, más alto nivel de integración, a una Unión Euroasiática", señaló Putin.
Estamos proponiendo un modelo de asociación supranacional poderoso que sea capaz de convertirse en uno de los polos del mundo moderno y, junto con eso, desempeñar el papel de nexo eficaz entre Europa y la dinámica región Asia-Pacífico.
Y para ese sueño la estabilidad es fundamental. Se construya como se construya.
Editor Responsable: Patricio Gajardo L.
