Miércoles, 02 Noviembre 2011 00:00

(Vol. II Nº 15) Los baches de Cristina K

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La fortuna política es sólo una contingencia: son momentos pasajeros, que pueden o no ser aprovechados, si lo sabemos hacer, podemos alcanzar el éxito. Eso exige olfato político para entender el contexto que estamos enfrentando y actuar en consecuencia para sacar réditos políticos. Exige combinar condiciones favorables con estrategias sólidas, sumado a una dosis de percepción y esfuerzo para alcanzar un objetivo.

La presidenta de Argentina recientemente reelecta, logró un triunfo contundente; 54% de los votos, obtuvo mayoría en ambas Cámaras, consiguió un poder incontrarrestable para los próximos cuatro años y su más cercano seguidor, el socialista Hermes Binner, sacó apenas el 16%, más de 30 puntos de diferencia, y el resto de la oposición fue virtualmente desintegrada.

Luego de estos resultados, difícilmente Binner va a ser capaz de levantar una alternativa al “cristinismo”, como se denomina al particular liderazgo que ha ido construyendo la presidenta luego de la muerte de su marido.

En parte porque las fuerzas opositoras no se suman, sus proyectos se contraponen, pero además por la magnitud del desastre electoral. La derrota fue tan fuerte que exigirá rebarajar el naipe partidario y por un tiempo al menos, la izquierda peronista se alzará como una fuerza hegemónica, con todos los riesgos que eso significa

A futuro, con el tiempo, Mauricio Macri, (centro derecha) gobernador de Buenos Aires, del PRO (Proyecto Republicano) puede que le haga “collera” como para llegar a ser una alternativa competitiva, pero para eso falta tiempo. El fue el único líder que captó el momento, y prefirió repostularse como gobernador de Buenos Aires y reservarse para los próximos comicios presidenciales.

Por eso es potencialmente el único liderazgo competitivo de la oposición, porque no fue desacreditado por la derrota electoral y por el contrario obtuvo un contundente éxito en la capital del país.

El resultado de las elecciones fue como le gusta a los Kirchner, y a Cristina por cierto, derrotando a sus enemigos de manera contundente, sin necesidad de verse obligado a dialogar, sin opositores que la contradigan, y sin que exista ninguna alternativa a su poder.

Como señaló Cristina en el momento que conoció los resultados, “qué más puedo pedir (…) más nada”.

Lo novedoso de este proceso, porque la elección fue muy predecible, es evaluar si estos resultados pueden cambiar de alguna forma, como ejerce el poder la presidenta. Es difícil, responder, pero lo cierto, es que va a existir una situación inédita: Néstor Kirchner no va a estar presente. Y eso, va a marcar una diferencia con su primer mandato, porque siempre Néstor hizo sentir, que si estaba en esa posición Cristina Fernández, se lo debía a él.

Lo que era más bien una sensación térmica que una realidad, porque ella antes que Néstor llegara a la presidencia era más conocida que su marido, y poseía una trayectoria política más destacada que él. Sin embargo, durante todo su mandato, su marido (muere al final del mismo, octubre de 2010) le gustaba que lo percibieran ”como el poder detrás del trono”, a pesar de no ocupar ningún puesto político, le gustaba hacer sentir que el que mandaba era él.

Cristina ahora nos puede revelar su propio estilo, sin el soporte de Néstor Kirchner, pero eso no va modificar sustancialmente su forma de gestión, porque una de las razones para mantenerse en el poder del matrimonio Kirchner, al menos como dupla política, fue que supieron funcionar de manera afiatada.

Emblemático fue el momento que se decidió estatizar las AFJP. (Las equivalentes a las AFP chilenas) En la decisión participaron sólo la presidenta, Néstor Kirchner y un escribano que tomó nota para remitir el proyecto de ley. No hubo discusiones, debates, ni consultas, sólo la voluntad del matrimonio gobernante.

La presidenta argentina no llegó a este momento de éxito electoral, de manera fácil, sus primeros años fueron duros y más aún si consideramos, que sucedió a un marido presidente, que tuvo hasta el final de su mandato altos niveles de respaldo, por lo que podría haber repostulado, pero que optó estratégicamente por ceder el espacio a su señora, pensando en su reelección en los comicios de este año.

Al tercer día de su toma de posesión, conoció la denuncia en los Estados Unidos que Guido Antonini Wilson había desembarcado en el aeropuerto de Buenos Aires una maleta con 800 mil dólares, que habrían servido para financiar su campaña presidencial. Financiamiento que probaba una línea de apoyo económico informal y de dudosa procedencia del presidente venezolano en su campaña.

Tres meses más tarde su gobierno dictó la resolución 125, sobre los impuestos a la soja, con lo que inició la guerra con el campo que culminó con la votación en el Congreso, que dirimió su vicepresidente Julio Cobos, votando en contra de la iniciativa del gobierno.

Cristina siempre culpó a su marido, por haber incorporado a Cobo como parte de la dupla presidencial. Cobos, fue considerado un “traidor” por la administración kirchnerista y nunca se le perdonó su voto y fue tratado en consecuencia durante todo el mandato.

Luego vendría el abandono de muchos sectores del peronismo, en la medida que bajaba su respaldo y luego cuando se produjo un verdadero hundimiento en las encuestas, esto se acentuó. La presidenta llegó a tener un 20% de apoyo, y en Junio del 2009 perdió las elecciones legislativas, acabando con su mayoría parlamentaria, con lo que muchos colocaron la lápida al kirchnerismo.

Los opositores hicieron una lectura equivocada, subestimaron la capacidad del kirchnerismo de resucitar. Su estrategia los llevó a competir sin tener en cuenta la necesidad de establecer alianzas para una eventual segunda vuelta. Los opositores no leyeron los datos de la economía y su error de evaluación terminó en un desastre electoral, que era previsible a mediados de años, pero quizás no en su magnitud.

En marzo del 2010 comenzó de nuevo el crecimiento económico y una mejoría lenta en las mediciones de opinión pública. Ahora sí, es necesario reconocer como método infalible, dado el carácter del matrimonio, fue su postura de no ceder a las presiones, actuar sin contemplaciones e “ir siempre para adelante”, sin tomar en cuenta las encuestas, sin considerar los análisis que daban por muerto el kirchnerismo, y sin cambiar su impronta luego de la profunda derrota electoral en las legislativas del 2009.

La fortuna llegó al fin el 2011, con la combinación de tres condiciones, que supieron ser aprovechadas: en primer lugar la dificultad de la oposición para construir una candidatura alternativa, a partir de una mala lectura de las legislativas del 2009, que aumentó su fragmentación en diversos postulaciones sin destinos, sin buscar alianzas que pudieran ser útiles, frente a una supuesta segunda vuelta.

El segundo factor son las cifras económicas, que se expresó en un altísimo crecimiento, con una inflación disfrazada, que alcanza en realidad a casi el 30 %, pero que en los indicadores oficiales, señalan porcentajes mucho menores, unido a subsidios para todos los sectores, un dólar subvaluado que le permitía a los consumidores vivir por encima de sus ingresos, pero que permitió revertir los bajos apoyos, renacer los respaldo a la presidenta, y en una fiesta de consumo promover el entusiasmo social por la reelección.

Y por último, un hecho fortuito, pero no menor en términos de impacto, la repentina muerte de su marido que despertó en la población un sentimiento de simpatía hacia la viuda, lo que ella supo aprovechar electoralmente. Le permitió un discurso más cercano, más débil, emocionalmente quebrada, que con riguroso luto cerraba su campaña, dándose el lujo de expresar fragilidad, emoción y carácter, una combinación ganadora y empática que le produjo resultado arrolladores.

Ahora bien, el futuro no se presenta tan halagüeño, se perciben nubarrones que el mismo éxito de hoy ha ocultado.

Primero, Cristina va a disponer de un poder discrecional amplio que ni siquiera Perón pudo aplicar cuando se refería al denominado “verticalismo peronista” -la obediencia al líder de manera incondicional, postergando sus anhelos particulares por un bien colectivo- como lo va a poder hacer la jefa de Estado.

Esto que la presidenta puede considerar positivo, en períodos de crisis, puede ser muy perjudicial, porque no va haber nadie de su entorno para establecer un contrapunto a sus decisiones.

La crisis política y social de 2008 parece haber marcado no sólo su política, sino también su persona. Si antes exigía lealtad, ahora la exigencia será obsecuencia a ciega, como la excluyente virtud que le reclama a sus ministros de confianza y funcionarios.

De su marido mantuvo el legado de jamás hacer reuniones de gabinetes, siempre son encuentros bilaterales, en las que los ministros no discuten sino que son meros ejecutores de políticas, jamás intérpretes y menos críticos de su presidenta, no hay espacio para ello, y es muy difícil que esta situación cambie.

Todo indica que el resultado electoral ahondará este verticalismo. Esta actitud también se verificará en su relación con su bloque parlamentario, que será mayoría en ambas cámaras, donde la oposición tendrá poco o nada que decir.

Pero es en el plano económico donde encontramos los flancos más débiles, los principales baches de este camino aparentemente pavimentado para su segundo mandato.

Una de sus frases, por lo que será recordada, luego de conocer su triunfo avasallador, nos revela el diagnóstico que ha hecho de su propio éxito. Afirmó en medio de la euforia del triunfo electoral “Cuenten conmigo para seguir profundizando este proyecto de país.”Ninguna autocrítica, nada que revisar sólo se puede profundizar el modelo.

Por otro lado es innegable que Argentina está creciendo a una tasa muy elevada, se espera que alcance el 8.2%. La duda está, si este crecimiento es sano y por consiguiente sustentable.

Gran parte de este boom de la economía se debe a los altos precios de la soya, su principal producto de exportación, asimismo como a la pujante demanda brasileña que consume el 60 % de su producción de vehículos, la industria manufacturera más importante del país. De acuerdo a Goldman Sachs, el crecimiento del país vecino seguirá siendo importante, pero tendrá un declive importante pasando desde el 8 % actual a un 3.4 % el año que viene.

Por un parte la desaceleración mundial provocaría la caída del precio de las exportaciones, sumado a una alta inflación disfrazada, a lo que se agrega una gran desconfianza de los agentes económicos que se expresa en una creciente fuga de capitales y la depreciación del peso.

La inquietante fuga se estima para este año en cerca de 22 mil millones de dólares- un rango similar a lo que pasó el 2008 y hay que agregar que si se mantiene en estos niveles es muy probable que la actividad se desacelere fuertemente.

Este fenómeno según el economista Juan Luis Bour, se aceleró producto de la desconfianza que provocó que las primarias de Julio dieran a Cristina K como clara ganadora y más aún sin contrapesos de ningún tipo. Los agentes económicos percibieron que no existían alternativas al modelo, ni posibles correcciones y desde esa misma fecha, la fuga de capitales ha ido en ascenso.

Hasta el momento el Banco Central financia la corrida para evitar que caiga la actividad, vendiendo dólares en el mercado. En sólo tres meses se perdieron 3.900 millones de dólares y se tomaron préstamos externos por 3.200 millones de dólares, o sea la pérdida superó los siete mil millones de dólares.

Pero probablemente el principal problema a nivel social, es la inflación, a pesar que los indicadores oficiales, la sitúan cerca del 10 % pero las estimaciones privadas consideran que está entre un 20 a un 25 %.

Estos niveles inflacionarios han sido contrarrestados a través de lo que se denomina un “asistencialismo populista” que ha generado un gasto público que equivale al 26% del producto bruto ,otorgando subsidios a amplios sectores de la población, lo que ha sido posible, por los altos precios de los productos de exportación, que han llenado las arcas fiscales y han permitido este amplio presupuesto para el clientelismo político que ha redituado en las presentes elecciones.

Los críticos además señalan que el 2011 ya resulta insostenible mantener ese déficit fiscal que superaría los 2.785 millones de dólares.

A pesar que la oposición no copó grandes espacios en el debate, dado lo bajo de sus niveles de respaldo, si se cuestionó que los planes sociales fuesen financiados por aportes del Banco Central y por el sistema de jubilaciones, que fue estatizado a mediado del primer mandato de Cristina.

A esto debemos agregar, que si siguen cayendo los precios de las materias primas, como ocurre ahora, es posible predecir que Argentina podría verse sumida en una nueva crisis económica, en vista de su falta de acceso a los mercados internacionales y la escasa posibilidad, que pueda volver a un corto plazo.

Cristina Fernández saldó en estos comicios también una cuestión matrimonial, siempre había estado Néstor Kirchner detrás de la construcción del poder familiar y de los propios éxitos de la presidenta. Por primera vez la victoria es suya exclusivamente.

¿Qué hará en adelante? ¿Cómo administrará el enorme tamaño de su poder? (Que nunca lo tuvo su esposo) ¿Qué pasará con las condiciones adversas de la economía internacional que se ciernen con el agotamiento de algunas variables que le otorgan el oxígeno al modelo? La presidenta no quiere ver ni pensar por ahora en eventuales amenazas, no es el momento, la fiesta debe continuar (…) ya mañana se verá. 

Editor Responsable: Patricio Gajardo L.

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