MÉXICO Y VENEZUELA EN EL SEGUIMIENTO DE SUS MODELOS:
PLANTEAMIENTOS DE LA ORGANIZACIÓN DEMÓCRATA CRISTIANA DE AMÉRICA (ODCA)
Erik Porres Blesa
Secretario Ejecutivo de la ODCA
El escenario que prevalece en México está descrito por dos visiones muy distintas de proyecto de país, nada diferente a lo que hemos visto en las últimas elecciones en la región. Una visión, que ve un país seguir caminando hacia el futuro, basado en los principios y los valores del humanismo político, basado en la transparencia, en la rendición de cuentas y en la democracia. Y otra que tiene como principal agenda una disfrazada reivindicación a favor de los pobres, usando la división, el engaño y el odio como medio para acceder al poder, y en absolutamente todos los casos generando más pobreza de la existente.
Este mismo escenario ha sido una constante en América Latina. Dos proyectos, el del pasado y el del futuro. Con preocupación hemos visto como el proyecto del populismo radical ha ido ganando terreno fuera de sus fronteras. Se organiza en torno de una falsa idea, la de una América bolivariana bajo el mando de un solo hombre, en donde los ricos son malos, los malos son ricos, los que están con él son buenos y son buenos los que están con él. Todos los demás somos “cachorros del imperio”, “títeres” o “chachalacas”.
Un modelo en donde no importa que esos caudillos sean profundamente antidemocráticos o que cancelen la vigencia de muchas libertades cívicas, políticas o económicas: eso se excusa con benevolencia porque se asume que un fin más alto, el bienestar del pueblo, resulta más importante que una libertad que se percibe como un lujo burgués. Bienestar que nunca llega.
Este proyecto es autocrático y autoritario, sostiene que hay que efectuar un cambio radical en las estructuras del estado, admite y en algunos casos ejerce el uso de la violencia para conseguirlo y conservar el poder. Exacerba expectativas de bienestar a cambio de exigencias de lealtad política. Pone énfasis en el control de los factores de producción y utiliza la desigualdad y la pobreza para aferrarse al poder y limitar las libertades. Sus referentes son Marx, Mao y Fidel, entre otros.
Estos movimientos encuentran su caldo de cultivo en un continente en donde la mayoría de sus habitantes no tienen una ideología consolidada, por esto se les facilita establecer un vínculo a partir de las prácticas asistencialistas y no del debate de las ideas, de las propuestas o si lo queremos ver de los resultados.
Frente a toda esta debacle, existe la opción que la ODCA representa. Esa opción en donde por encima de todo está la dignidad del ser humano, el compromiso con la democracia y la libertad de los pueblos, la política basada en valores y resultados.
Con base a resultados reales y no a la retórica demagógica o a promesas electorales de acabar con la pobreza, debemos valorar cuál es el mejor entorno socio-económico para que millones de iberoamericanos tengan más oportunidades de salir de la miseria, en un ambiente de estabilidad económica, libertades políticas y de cooperación internacional.
Como muestra, cito los siguientes datos: Durante los largos años que lleva como líder de su "revolución bolivariana", el Presidente Chávez ha recibido, por cuenta de los ingresos petroleros, la astronómica suma de 120.919 millones de dólares, mucho más que cualquiera de sus predecesores.
Este ingreso, sin embargo, parece no haberle bastado: la deuda total del sector público ha crecido, en los primeros cinco años, de 27.000 a 45.000 millones de dólares. Con todo ese dinero, los gastos reales del Estado han aumentado un 40% en seis años, con lo cual se podría pensar con facilidad que seguramente habrán mejorado las condiciones de vida de los pobres en Venezuela. Nada más falso.
La economía no ha crecido: al contrario, ha disminuido en su tamaño, mientras la población no ha dejado de aumentar. El producto global, la producción total del país, ha disminuido un 11% en este mismo período; si tomamos en cuenta el crecimiento poblacional, encontraremos que cada venezolano tiene hoy, en promedio, un ingreso 25% inferior al que tenía al comienzo del gobierno chavista. Esto genera desconfianza lo que claramente tiene repercusiones no solo en los mercados, sino más importante en la calidad de vida de las personas.
Una inflación permanente, la más alta de América, ha hecho que los alimentos que costaban 100 bolívares hace 6 años cuesten ahora 383. Claro que los salarios también han aumentado, pero lo han hecho a un paso mucho más lento, pasando de 100 (como punto de referencia) a 250.
En total, un asalariado venezolano tiene hoy un poder adquisitivo que es un 35% inferior al que tenía al comenzar el Gobierno de Chávez.
Los fondos se manejan por decisiones estrictamente políticas, por voluntad directa y personal. Mientras el pueblo venezolano se empobrece, su presidente se dedica a comprar deuda argentina que seguramente jamás cobrará, y no solo eso, regala dinero al Presidente Boliviano, subsidia combustible para la calefacción de sectores pobres en Nueva York, construye casas populares en Cuba o manda un millón de dólares a una escuela de samba en Brasil para la construcción de una carroza gigante para el carnaval. Los que menos le interesan son tristemente los venezolanos.
Los resultados son negativos, pero el se ha posicionado como un luchador social que procura a los pobres. Está asentado en un derroche de propaganda a costa de la calidad de vida de los venezolanos.
En la otra mano está lo que se ha venido haciendo en México por el Gobierno de Acción Nacional a lo largo de la administración del Presidente Vicente Fox y lo que sin duda nos depara en este sexenio.
El proyecto mexicano, proclive al libre comercio y a la apertura desde mediados de los años 80, redujo la preponderancia del petróleo en su comercio exterior de 68,5% en 1982 a 12,6% en el 2004.
En Venezuela, en 1982 el petróleo significaba el 94,2% de su comercio exterior y para el año 2004 81,2%. Venezuela sigue siendo mono-exportador, mientras México logró diversificar su comercio exterior.
Durante el período de 1998 a 2004, la deuda externa de México se redujo en un 13,2%, mientras que en Venezuela aumentó un 34,3%.
El peso mexicano de 1998 al 2005 se devaluó en 16%, mientras el bolívar venezolano se devaluó el 292%. El crecimiento económico acumulado en México de 1998 a 2004 fue del 17,5%. En Venezuela hubo 0% de crecimiento económico en el mismo período.
La formación bruta de capital fijo aumentó en México en un 21,3% de 1998 a 2004; en Venezuela cayó el 27,2%. Las estadísticas de las Naciones Unidas señalan que de 1997 a 2003 el producto per cápita en México aumentó un 9,5%, mientras que en Venezuela cayó un 45%.
De 1998 a 2004, el número de hogares en extrema pobreza aumentó en Venezuela el 4,5%, pero en México disminuyó el 48,9%. (hecho histórico) En el año 2004, la tasa de desempleo en Venezuela alcanzó el 13,9% y la de México fue 3,8%. La inflación en el año 2005 en México fue de 3,3% y en Venezuela de 16%.
Los datos expuestos han sido tomados en parte importante de un estudio realizado por el Dr. Luis Pazos. Aquí tenemos elementos claros, contundentes y reales que nos deben de servir a todos no solo para comprobar cual proyecto es mejor, sino para tener datos duros para ser utilizados frente a esa retórica populista que encanta muchas veces hasta serpientes.
Nuestra preocupación se nutre al ver los apoyos que reciben movimientos similares en el resto del continente, si las cosas siguen por el mismo camino, en poco tiempo tendremos una lista ampliada de países con regímenes populistas y autoritarios. Estaremos viendo una América Latina en donde las libertades se verán violentadas y la etapa democrática del continente será solo un recuerdo.
La ODCA está comprometida a hacer frente a esta amenaza, en el entendido de que todos los actores políticos y la sociedad en su conjunto debemos trabajar hasta conseguir que en nuestro continente se respete a ultranza la libertad y la dignidad humana, desechando los falsos profetas.
Sin lugar a dudas la ODCA es un instrumento necesario para construir y fortalecer la democracia en la región. No obstante ante los radicales cambios que se han sucedido en nuestra actualidad política, creemos fundamental que es necesario asumir un papel preponderante en este esfuerzo que nos obliga. |