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REFLEXIÓN SOBRE EL GRUPO DE RÍO
Hernán Salinas Burgos*
Cabe reflexionar sobre el Mecanismo de Consulta y Concertación política denominado “Grupo de Río”, sus proyecciones y desafíos, teniendo en vista que Chile próximamente asumirá la Secretaría Pro Tempore del Grupo para el bienio 2010-2011, lo que debe necesariamente considerar los objetivos que nuestro país debe perseguir en materia de política exterior.
En ese sentido, existe bastante coincidencia en que América Latina debe constituir una prioridad en nuestra política exterior, en orden a generar acuerdos estratégicos y una mayor integración, sin que ello implique la renuncia a nuestro exitoso modelo de desarrollo económico y social.
Para Chile es de vital importancia tener y mantener buenas relaciones con los países americanos, con los cuales estamos unidos por factores de territorio, lenguaje, historia, cultura y tradicional hermandad, siendo un imperativo fomentar decidida y profundamente la amistad con ellos, estrechando vínculos en lo comercial, cultural y político.
Asimismo, deben fortalecerse los vínculos culturales privilegiados con América Latina, para construir un espacio de solidaridad que contribuya al desarrollo de los países latinoamericanos, a través de una creciente integración regional, basada en principios como el libre comercio, la defensa de los derechos humanos y la democracia, dentro de un modelo de regionalismo abierto y pleno respeto de las soberanías nacionales y el principio de no intervención.
Así, es en el interés nacional el contribuir a la estabilidad política y a la seguridad de la región, a su crecimiento económico, al resguardo de los derechos fundamentales y al respeto del Derecho Internacional, mediante acciones de cooperación bilateral o impulsando acciones multilaterales.
En este contexto, debe destacarse el rol del multilateralismo tanto a nivel universal como regional en el fortalecimiento del Derecho Internacional, la paz y seguridad internacionales, la solución pacífica de las controversias, el respeto y promoción de los derechos humanos, la democracia representativa, el libre comercio, la lucha contra la pobreza y el combate a flagelos como el narcotráfico, la drogadicción y el terrorismo. Otro factor a considerar es la diversidad de modelos de desarrollo y de democracia que divide a la región, entre modelos basados en la democracia representativa y el libre comercio como el chileno y modelos populistas basados en un modelo de desarrollo con fuerte intervención estatal y en que gradualmente existe un deterioro de las instituciones democráticas del Estado y las libertades públicas. Asimismo, debe considerarse la existencia, hoy en día, en América Latina de focos de tensión entre Estados de la región, algunos de ellos, vinculados a la diversidad de modelos políticos y de desarrollo.
Por último, otro factor a considerar es que a partir de la década de los ochenta, con mayor énfasis, se ha producido un fenómeno de multiplicidad de instancias regionales (organizaciones internacionales de jure y de facto e instancias flexibles e informales) que se sobreponen y muchas veces duplican esfuerzos temáticos, sin mayores avances concretos y beneficios tangibles para los ciudadanos de los países participantes, incurriéndose además en un gasto excesivo y en una frondosa burocracia. Asimismo, en algunos de ellos se manifiesta una instrumentalización política que se utiliza en beneficio de fines que no precisamente corresponden a los objetivos para los que ellos fueron creados como instrumentos de mayor integración.
En particular, la proliferación de instancias multilaterales en la región no debe duplicar y debilitar el rol que necesariamente debe cumplir en nuestro continente, el sistema interamericano y, en particular, la Organización de Estados Americanos, el cual deberá potenciarse, de conformidad con sus principios y propósitos, como el órgano de mayor relevancia en la región. En este contexto, aparece necesario el fortalecimiento del Grupo de Río como la única instancia multilateral de consulta y concertación frente a los grandes temas de la agenda nacional e internacional, que reúne a América Latina y el Caribe y foro privilegiado de comunicación y contacto personal entre los Jefes de Estado y los Cancilleres de los países miembros y, por ende, para la consulta y concertación política en la región.
El fortalecimiento de este Mecanismo debe necesariamente darse guiado y enmarcado en los principios esenciales que están en los orígenes del Grupo en el antiguo Grupo de Contadora y que se señalaron en los instrumentos que le dieron creación, en particular, la Declaración de Río de Janeiro de 1986. Estos son la preservación de los valores democráticos en la región y la plena e irrestricta vigencia de los derechos humanos y el Estado de Derecho. La promoción de la democracia como sistema de gobierno y la voluntad política de defenderla, con respeto de la soberanía de los Estados, constituye uno de los objetivos básicos del Grupo, conjuntamente con la preservación de la paz y el impulso al desarrollo de nuestra región.
Al respecto, especialmente relevante es la Declaración sobre Defensa de la Democracia aprobada en la IX Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de Río, aprobada en Asunción, en agosto de 1997 donde se señaló: “Estamos convencidos que la democracia representativa es el fundamento de la legitimidad de los sistemas políticos, y condición indispensable para la paz, la estabilidad y el desarrollo de la región , así como para el proceso de integración hemisférica en que se encuentran comprometidos nuestros países. Reiteramos que la promoción y la observancia de los valores éticos y el respeto de los derechos humanos son el fundamento y razón de ser de la legitimidad de los sistemas políticos, y que sólo la democracia garantiza efectivamente su vigencia.
Reiteramos que toda agresión a la democracia de un país de la Región constituye un atentado contra los principios que fundamentan la solidaridad de los Estados americanos.”
En este orden de ideas, el Grupo de Río, considerando los principios expuestos, lo ya declarado y, el hecho que todos sus integrantes son también miembros de la Organización de Estados Americanos, deberá ayudar a impulsar y coadyuvar en el necesario perfeccionamiento de los mecanismos de defensa de la democracia establecidos en el marco de la OEA , y, en particular, de la Carta Democrática con el objeto de defender la democracia no sólo en su origen sino también en su ejercicio. Este es un objetivo que la Secretaría Pro Tempore de Chile debería proponerse como articulador de una iniciativa en el referido sentido.
Considerando los factores ya expuestos y teniendo presente que la continuidad y el éxito del Grupo de Río se debe, en parte, a la flexibilidad, grado mínimo de institucionalización e informalidad de su agenda y en su funcionamiento, todo indica que ello debe seguir continuando siendo así, teniendo asimismo presente que el objetivo fundamental del Grupo de Río es de constituir un mecanismo de consulta y concertación política en base a los principios ya expuestos y bajo la premisa que la negociación internacional requiere la conformación de un poder conjunto de influencia y decisión. En este marco, debe darse la convergencia y armonización, muy útil por cierto, entre las agendas y reuniones de la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC) y el Grupo de Río como también la ampliación de éste a nuevos Estados integrantes.
El diálogo y concertación política debe continuar siendo impulsado por el Grupo de Río en orden a definir posturas conjuntas consensuadas entre los Estados integrantes, tanto de la realidad regional como de las posiciones que se desean promover en la agenda global, con una presencia y voz acorde con los principios que fundamentan esta instancia regional.
Este diálogo debe continuar dándose tanto entre la región y de la región con otros bloques regionales y países que desempeñan un papel preponderante en la comunidad internacional. Su propósito deberá seguir siendo el incentivar a un diálogo político y un intercambio de puntos de vista con la contraparte sobre temas relevantes de la agenda internacional, como lo es, por ejemplo, el diálogo institucionalizado que el Grupo de Río tiene constituido con la Unión Europea. Estos diálogos ya institucionalizados también deberán perseguirse con otros referentes regionales y países con un rol relevante en la comunidad internacional, lo cual puede constituir otro de los objetivos que la Secretaría Pro Tempore de Chile puede impulsar, abarcando además de los propios de la agenda mundial contemporánea, temas de indudable interés regional en el ámbito de la integración y el desarrollo de la región ante desafíos globales, tales como las crisis financiera, energética, alimentaria y ambiental, la cooperación en la lucha contra el narcotráfico y la drogadicción, el terrorismo, la pobreza, cambio climático, energía e infraestructura, modernización del Estado, defensa contra desastres naturales, financiación al desarrollo, etc. |