¿QUÉ PASÓ EN LAS ELECCIONES COLOMBIANAS DEL 28 DE OCTUBRE DE 2007?
Javier Loaiza*
Las elecciones regionales y locales del 28 de octubre pasado en Colombia, presentan resultados interesantes que podrían dar luces acerca de lo que podría ocurrir para las presidenciales y congresionales del 2010. Sin embargo, los distintos analistas y medios de comunicación parecen no coincidir en la lectura de los resultados. Ello se debe probablemente a cuatro factores: 1. La urgencia de presentar datos e intentar ser el primero a través de los medios y apuntarse a una lectura mayoritariamente aceptada; 2. Se trata del segundo proceso electoral local-departamental realizado al amparo de la reforma constitucional del 2003, que disminuyó el número de organizaciones políticas en competencia; 3. La variedad de cargos y corporaciones por las que se votó y las diferencias de resultados para unas y otras, y; 4. La influencia de la violencia y la corrupción en el proceso.
Otro dato importante es el aumento significativo de la participación pues en todos los casos se superó la votación entre el 19% y el 31%. La votación de alcaldías pasó de 11.618.169 en el 2003 a 15.166.088 en 2007. Para las Asambleas se votaron en 2003, 10-928.559 ciudadanos y en la última elección lo acaban de hacer 13.009.314 votantes.
Todos ganaron
Lo que sí parece una regla común en los medios masivos, durante las dos semanas siguientes a la elección, es que cada uno interpreta el resultado y lo divulga haciendo énfasis en la parte que más le interesa. De ese modo, cada uno a su manera reclama una victoria política importante en las elecciones.
Por ejemplo, los opositores liberales se presentan como el partido más votado, como de hecho lo fue, aunque obtuvo menor cantidad que en las elecciones anteriores. Los conservadores presentan su resultado en alcaldías, que les significó un incremento del 50% en las poblaciones aunque siguen sin mayor presencia en las grandes ciudades. Por su parte, el partido Social de Unidad Nacional, conocido como Partido de la “U”, relacionado con el oficialismo, se alegra de lo obtenido por ser su primera vez en este tipo de elecciones con la mayor votación en siete departamentos, y aunque obtiene la tercera votación total, no logra consolidarse como la mayor fuerza de la coalición uribista.
Cambio Radical, que aspiraba a importantes resultados se debe contentar con un cuarto lugar y modestos triunfos, sobre todo el resultado para el concejo de Bogotá. El Polo Democrático Alternativo, PDA, que representa la coalición de tendencias de izquierda, por su parte, proclama una derrota a Uribe con la elección del alcalde de Bogotá, aunque su votación total en todo el país apenas supera en un 30% la del burgomaestre capitalino y se queda con sólo una gobernación. Igualmente, Convergencia Ciudadana con votación cercana a los 700 mil votos, aparece como la sexta fuerza política y tal vez el último con vocación nacional, o por lo menos con presencia importante en dos terceras partes del territorio colombiano, pues obtuvo votación 20 de los 32 departamentos.
Partidos más pequeños, parecieran tender a desaparecer o enfrentar serias dificultades para consolidarse-.
Cinco “grandes”
Así pues, se consolidan los cinco partidos más fuertes del país que desde las elecciones de congreso del 2006 se habían perfilado, en la nueva lógica impuesta por la reforma constitucional del 2003. El asunto es que aunque cada uno según se lea, se reclama mayoritario, son cinco minorías que ninguna por sí sola puede decidir el futuro de la política colombiana.
Es necesario reconocer que la vieja época de partidos mayoritarios tiende a desaparecer, al punto que partidos que habían obtenido entre el 20% y el 15% en los resultados del congreso del 2006, en estas elecciones obtienen menores resultados. El proceso de ajuste continúa.
Ahora bien, parece ser claro que el bloque de la coalición uribista, obtiene un resultado mayoritario en todos los aspectos. La votación sumada de Conservadores (1.856.414), la U. (1.627.687) y Cambio Radical (1.467.161) representa 4.951.262. Si, además, a este valor se suman los resultados de Convergencia Ciudadana (685.872) y Alas-equipo Colombia (499.612), se obtiene una votación altamente mayoritaria de 6.136.746, a los que podrían aún sumarse resultados menores de Apertura Liberal, Colombia Democrática y Colombia Viva, que superan los 420.000 votos.
Problemas para el gobierno central
Sin embargo, en estas condiciones, la relación de las administraciones departamentales, tradicionalmente sumisas con el gobierno central, podría entrar en una nueva política si los gobernadores coordinan una estrategia común para afrontar el centralismo muchas veces soberbio y displicente. La coincidencia en dichos cargos de un importante grupo de “pesos pesados”, algunos de los cuales han sido candidatos o precandidatos presidenciales, es decir que se han puesto el “traje” de estadistas y otros con vastísima experiencia en la política nacional, hacen sospechar que el gobierno nacional va a tener que adoptar una actitud para con ellos, cuando menos, de mucha consideración y respeto.
Del sector de oposición al gobierno, la izquierda con PDA, se quedó con la alcaldía de Bogotá, repitiendo triunfo con una elevada votación y una gobernación en la que derrotó a una coalición de fuerzas uribistas. Y no solo eso, sino que resultó electo un reconocido líder, ex guerrillero del M-19, ex senador, ex candidato presidencial y ex copresidente de la Asamblea Constituyente del 2001, Antonio Navarro, gobernador del departamento de Nariño, departamento limítrofe con Ecuador y que podría ser puente para importantes relaciones con el actual presidente Correa, representante del “Socialismo del Siglo XXI”.
A estos dirigentes izquierdistas se suma un importante bloque de gobernadores liberales encabezados por otro de los ex copresidentes de la constituyente y ex candidato presidencial, Horacio Serpa, gobernador de Santander, departamento vecino de Venezuela y quien en la campaña del 2006 mostró simpatía con el discurso Chávez. Andrés González, ex ministro, ex senador y ex gobernador, muy cercano al ex presidenteCesar Gaviria, jefe del Partido Liberal, va a dirigir los destinos del departamento de Cundinamarca, en pleno centro del país, que comparte a Bogotá como capital. En Atlántico, el exconstituyente, exsenador y exgobernador Eduardo Verano de la Rosa, liderará la política liberal en la Costa Caribe, luego de derrotar una fuerte coalición del bloque uribista.
Es muy probable que a ese bloque se sume el ex ministro liberal que se eligió en nombre de los afrocolombianos en el Departamento del Cauca, Guillermo Alberto González.
En esas condiciones, el grupo de 32 gobernadores podría quedar enfrentado en dos bloques, arrastrando a sus más cercanos diputados, alcaldes y concejales hacia el enfrentamiento o bien hacia una relación armónica para afrontar las relaciones con el gobierno nacional en el marco de lo que podría ser el inicio de un camino hacia la regionalización y un consolidado proceso de descentralización. Ya el propio Navarro en el cierre de su campaña electoral anunciaba la necesidad de un proceso de desmonte del poder central en una nueva correlación de fuerzas.
Conclusiones
Las cartas están echadas y va a depender mucho de los resultados que Uribe tenga en el próximo año para que se defina el horizonte hacia las elecciones del 2010. Se impone una época de coaliciones y acuerdos, ojalá sobre aspectos temáticos y programáticos, más que sobre figuras y temas de coyuntura.
La vieja pelea violenta de los años cincuentas por la torta del poder entre dos partidos, es prueba superada. La época de repartos concupiscentes entre los mismos dos, no tiene espacio. El clientelismo pos “Frente Nacional”, penalizado y castigado desde la constitución del 91, cede terreno. La fuerte personalización con las microempresas electorales cede terreno y apenas pareciera quedar en menos de un tercio; de hecho las autoridades, los medios de comunicación, diversas ONGs y gran número de organizaciones sociales estuvieron atentos a denunciar y evitar la coacción al voto por violencia o corrupción. Se empieza a vislumbrar la institucionalización de partidos, a raíz de la reforma constitucional del 2003, pues seis partidos obtienen dos tercios de los votos locales y departamentales. Ya en las elecciones de Congreso del 2006, a nivel nacional cinco fuerzas habían obtenido casi el 80% de los escaños.
Se podría decir que el juego está abierto. Por un lado, la posibilidad de consolidación del bloque uribista con Uribe III, un clon de Uribe o un candidato de unidad, situación esta última bastante difícil pues cada sector reclama su derecho a ser el heredero legítimo y, de hecho, en cada uno de los integrantes de la coalición abundan los candidatos.
De otro lado, el partido liberal podría decirse que “reflota” y rompe la tendencia a la caída, en la medida en que obtiene la más alta votación y elige importantes gobernadores que van a ser torres muy fuertes del ajedrez liberal, a pesar de la disputa interna entre los sectores gavirista y samperista.
El Partido Polo Democrático Alternativo (PDA), se apodera de Bogotá y del discurso antiuribe, aunque se debate internamente entre radicales ortodoxos y los más centristas.
Si liberales y PDA se unieran, a partir de los votos obtenidos, arrancarían con una base cercana a la tercera parte de la votación. El boque uribista tendría un poco más de la mitad. Pero quedan una cantidad de movimientos y grupos pequeños, dispersos por todo el país.
A esas posibilidades meramente aritméticas y partidarias, habría que sumar los efectos de la política de “seguridad democrática” contra las FARC, el desenlace del proceso con los paramilitares, el “Acuerdo Humanitario”, la conformación de bloques o unidad de los gobernadores y alcaldes de las principales ciudades y, la manera como jueguen Venezuela y Estados Unidos, entre otros factores.
La partida promete ser interesante. |