Gustavo Díaz (Instituto Libertad): “El ministro Valdés está aislado del resto del gabinete”

El economista dice que el titular de Hacienda ha sido un dique de contención. Pero aclara: “Poco puede hacer para marcar una diferencia efectiva y, hasta ahora, su principal mérito es intentar que el país no pierda la escasa racionalidad económica que va quedando”.

“Lamentablemente la evaluación económica del gobierno de la presidenta Bachelet es negativa. Se podría decir que el gobierno está reprobando la materia”.

Gustavo Díaz, economista del Instituto Libertad no tiene duda respecto del lugar que ocuparía el gobierno si es que fuera un alumno al que se le saca el promedio, al menos, en materia de conducción económica.

En medio de ese panorama de “repitencia”, Díaz reconoce la labor de empeño y “sacrificio” que ha debido llevar adelante el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés.

Pero el analista del Instituto Libertad aclara a EL MURO que, pese al empeño de Valdés, se trata de una tarea más bien solitaria y que la complejidad del momento económico que vive –y al parecer seguirá viviendo el país- encuentra buena parte de su explicación en la seguidilla de reformas que ha impulsado el gobierno en el último tiempo.

-Partamos por lo bueno. ¿Hay algo en política económica que destacaría como algo innovador o que ha sido un avance importante y que haya sido impulsado por esta administración?

-Tal vez lo más rescatable sean los esfuerzos en materia de la agenda de energía, que tienen un impacto directo en el ámbito económico. El proceso de licitación del año pasado  contribuyó a que en 2016 Chile exhibiera el precio más bajo de la energía en la última década. Aún queda mucho por avanzar en bajar los costos de la energía, pero por la vía de las licitaciones de suministro y no por la vía de aumentar la participación del Estado en un sector que, no olvidemos, ya estuvo en manos del Estado y terminó siendo privatizado debido a esa mala experiencia.

-¿La propia gestión del ministro Valdés no puede considerarse en sí como un éxito? Muchos dicen que, al menos, la presidenta tuvo el buen tipo de mantener al ministro en su puesto…

-Uno puede cambiar a las personas, pero si no cambian las ideas, lo cierto es que viene a ser más de lo mismo. El ministro Valdés ha realizado una espectacular gestión actuando como dique de contención frente a las olas de cambios que provienen desde sectores más radicalizados de la coalición gobernante, y en ese sentido ha contribuido a poner el pie en el freno, pero el volante se mantiene fijo en un rumbo que ha llevado a la economía a una desaceleración aguda y persistente.

-¿Qué tan relevante ha sido efectivamente la gestión del ministro Valdés?

-El ministro Valdés se encuentra muy sólo en Hacienda, está prácticamente aislado del resto del gabinete y de las fuerzas parlamentarias que apoyan al Ejecutivo. Desde esa perspectiva, es poco lo que puede hacer para marcar una diferencia efectiva, y hasta ahora su principal mérito es intentar que el país no pierda la escasa racionalidad económica que va quedando, básicamente en materia de responsabilidad fiscal y de equilibrios macroeconómicos.

Afectando las confianzas

-El Banco Central ha recortado las proyecciones de crecimiento para el 2017 y lo ha establecido entre 1,5 y 2,5%. ¿Qué indica una cifra como esta?

-Esta tendencia a consolidar un crecimiento a tasas cada vez más bajas tiene dos lecturas inmediatas. A corto plazo, sólo contribuye a generar tensiones entre lo deseado y lo posible, en que una billetera fiscal cada vez más estrecha es incapaz de satisfacer las múltiples necesidades, favoreciendo los movimientos populistas. Pero una mirada de largo plazo resulta aún más dramática, puesto que sin crecimiento económico no hay desarrollo. Recortar el crecimiento del PIB desde 4% a 2% significa postergar el desarrollo en una generación completa.

-¿Y es posible asignar estas bajas expectativas a una falla en el manejo económico del país o verdaderamente existe una situación mundial que hace imposible aspirar a más?

-El escenario económico externo contribuye a explicar parte de la desaceleración que nos afecta, pero no todo es culpa de este panorama. La abultada agenda de cambios regulatorios que impulsó el Gobierno sin duda afectó las confianzas de los agentes económicos, lo que terminó afectando la inversión, el consumo y las expectativas de recuperación. Nuestras estimaciones indican que la economía perdió prácticamente un tercio de su capacidad de crecimiento por efecto de la mayor incertidumbre introducida por las autoridades en 2014-2016.

-¿Cree que el debate sobre el manejo económico del actual gobierno será algo que ayude o complique al candidato de la Nueva Mayoría?

-Dependerá del giro que tome el debate, pero más allá de si favorece o perjudica a alguien, aquí el problema es que se ve afectado el país en su totalidad. Si se impone finalmente la premisa de que el Estado tiene los recursos necesarios para materializar los cambios regulatorios, caeremos en un populismo que podría terminar hipotecando las posibilidades de desarrollo de las próximas generaciones. Me preocupa la debilidad de las instituciones en este sentido, puesto que este fenómeno puede terminar abriendo las puertas a pensar sólo en el presente y abandonar el futuro. Solo basta observar las experiencias de Argentina y Venezuela en los últimos 20 años.

-En caso de que la próxima presidencial sea ganada por la centroderecha, cuál será el cambio de rumbo más importante que deberá impulsar en materia económica?

-Lo principal es retomar la senda de crecimiento económico, y ello pasa por devolver los grados de certidumbre que se han ido perdiendo en estos últimos años. Esto no significa que no se puedan realizar cambios o ajustes al modelo económico, que por cierto los necesita, sino que se debe evaluar el ritmo y alcance de estos ajustes, sin afectar la capacidad de crecimiento. Entre otras cosas se debe corregir los errores de la reforma tributaria, de la reforma laboral, incentivar la productividad y la modernización del Estado, la lista de tareas es muy larga.

Fuente : El Muro