Crecimiento económico y bienestar

Por Gustavo Díaz. Seamos claros, un Estado moderno y amigable con la inversión es tal vez uno de los mejores instrumentos para alcanzar el bienestar social y cumplir con nuestros sueños.

Sin fortaleza económica, los anhelos de un mejor país serán una quimera. Son palabras de la Presidenta Bachelet ante el Congreso Pleno con motivo de la Cuenta Pública que realizó el jueves pasado. Estas palabras sorprenden, porque precisamente el Gobierno se ha caracterizado por no aplicar una política pública que promueva el crecimiento económico.

Prácticamente en cualquier sector al que volquemos la mirada podremos ver ejemplos de acciones y políticas públicas que no han hecho más que entorpecer este proceso de inversión, empleo y bienestar, razón por la cual en los últimos tres años hemos perdido una significativa capacidad de crecimiento.

Ejemplos sobran, una reforma tributaria que afectó negativamente a la inversión, una reforma laboral que sólo favorece a quienes ya cuentan con un trabajo, una reforma educacional que sólo promete ilusiones, etcétera. Todo lo anterior ha contribuido a que el país no alcance una tasa de crecimiento elevada de manera que se convierta en la mejor política social para disminuir la marginalidad y eliminar la pobreza.

De manera paulatina se han eliminado los incentivos para que la gente trabaje, invierta y genere riqueza. El Gobierno tuvo en sus manos la posibilidad de enviar un proyecto de modernización del Estado que simplificara trámites o facilitara las gestiones gubernamentales que elevan los costos de iniciar cualquier actividad y, de paso, generan un área de oportunidad para que surjan agentes que buscan capturar al Estado para asegurar sus propios objetivos a costa de la sociedad en general. No lo hizo.

Seamos claros, un Estado moderno y amigable con la inversión es tal vez uno de los mejores instrumentos para alcanzar el bienestar social y cumplir con nuestros sueños, y así poder -con todos y para todos- alcanzar un mejor país.

*El autor es economista Instituto Libertad.

Fuente : Pulso