Atentado a la economía social de mercado

Toda vez que criticamos el exceso de intervencionismo con el cual ciertos gobiernos pretenden utilizar al Estado durante su temporal administración, estamos considerando una restricción al espacio que los privados poseen. En esta idea de un continuo, en la medida que el Estado asume mas funciones son los privados quienes dejan de cumplir con ellas.
En una línea similar, cuando los privados dotados de derechos protegidos por el propio Estado avanzan más allá de sus respectivas responsabilidades, también van coartando la propia acción de sus pares. En tal caso pasando por alto las instituciones que como sociedad organizada nos hemos dotado y los resguardo que el propio Estado ha generado para evitar que se sobrepasen mediante acciones que no contribuyen al bien colectivo.
Es por ello que para quienes creemos en una economía social de mercado, las acciones de colusión, comportamiento monopolico o abuso de posición dominante, van totalmente en contra de los principios básicos que sustentan un sistema justo. Es fundamental que ningún actor tenga tanto poder como para condicionar el funcionamiento del mismo.
Por su parte, aun cuando parezca una contradicción, la economía social de mercado requiere de un Estado eficiente y dotado de recursos, tanto simbólicos como de Derecho, que le permitan ejercer una acción normativa, fiscalizadora y, en último caso, sancionadora si así fuera necesario.
Este precario equilibrio entre un Estado que entregue normas y un sector privado que realice sus actividades bajo dichos preceptos, resulta fundamental para generar condiciones adecuadas en las cuales cada uno de nosotros perciba que tiene iguales oportunidades de acceder a emprender sin ser limitado por uno o por otro sector (público o privado)
Aquí no vale la lógica de hacer crecer al Estado para que abarque más o por el contrario, llevarlo a su mínima expresión para que no intervenga en la vida de las personas.  Lo relevante es que cuente con las competencias adecuadas para que no inhiba la acción de los privados y ellos sientan que no es posible saltarse las reglas sin ser sancionado en algún momento del tiempo.
No es banal que para los países el concepto de Estado de Derecho sea uno de los principios fundamentales con los cuales se comparan las naciones y que bajo dicha institucionalidad nos diferenciamos de manera fundamental. El respeto a la Ley es una ventaja competitiva que debemos cultivar si realmente deseamos jugar en las grandes ligas de los países que se dicen desarrollados.
Alcanzar un per cápita de veinte mil dólares no es será la razón para que entrar en el club de las países que han dado el real salto al desarrollo, sino precisamente entender que cada uno de nosotros tiene las mismas posibilidades de realizar una acción sin ser limitado por otros privados o por el Estado.Necesitamos un Estado que ponga los incentivos adecuados para potenciar el emprendimiento de todo tipo y en todo los ámbitos, incluyendo el social, y ellos deben tener la fuerza para sortear los escollos que dicha competencia les impone.


Aldo Cassinelli
Director Ejecutivo

FUENTE:Vía El Demócrata