El “gallito” de los partidos de Chile Vamos por influir en eventual gobierno de Piñera

Analistas consideran erróneo instalar este tema cuando aún no se ha ganado la elección, porque proyecta una imagen que es dañina para el candidato presidencial.

Por estos días, las colectividades de oposición están concentrando sus esfuerzos en desplegar las campañas legislativas de sus postulantes, ya que de ese resultado dependerá en gran medida el peso que tendrá cada tienda política en el Congreso y al interior del conglomerado.

Un tema que no es menor, teniendo en cuenta lo ocurrido durante la primera administración de Sebastián Piñera, cuando éste decidió otorgar una mayor relevancia a la UDI para llevar adelante su gestión. Esto provocó la molestia de sus socios de RN, en ese entonces encabezada por Carlos Larraín, quien asumió como una afrenta esa predilección, manteniendo una disputa política que se prolongó hasta después del mandato del empresario.

En la sede de Antonio Varas todavía tienen en la retina ese episodio, que esperan no se vuelva a repetir si es que Pîñera ocupa nuevamente el sillón de O´Higgins. Sin embargo, los fantasmas reflotaron hace algunos días cuando se instaló en el sector la discusión sobre la orientación que debiese tener una nueva estadía de la centroderecha en La Moneda.

Desde la UDI mandaron el recado de que serán disciplinados y leales al gobierno, pero que harán sentir la defensa de sus posturas en los distintos temas, lo cual sacó ronchas en el mundo liberal de la coalición, donde ven un intento del gremialismo por pautear desde ya al empresario. Aunque nadie ha querido seguir polemizando, lo sucedido da cuenta de que los partidos se están preparando para la batalla que se desencadenará después de las elecciones si el sector obtiene la presidencia de la República.

Para el director ejecutivo del Instituto Libertad, Aldo Cassinelli, lo primero es ganar la elección, y cualquier cuestión posterior a eso se deberá ir acomodando, enfatizando que “todos los esfuerzos deben estar enfocados en ganar la elección”.

Opina que a algunos les encanta instalar estos debates como futurología, pero insiste en que el primer objetivo es triunfar en los comicios. “Cualquier energía que se gaste en un esfuerzo distinto, carece de sentido, sobre todo porque si Piñera resulta electo, necesitará un Congreso favorable”.

No descarta que esta discusión se da porque de alguna forma existe la sensación de que la elección está casi ganada, pero llama a recordar el 99, cuando Lagos compitió con Lavín, que toda la izquierda estaba embarcada en que se iba a ganar, y casi la perdieron.

“Esto es similar a lo que le ocurrió a la selección chilena, ya que todos asumían que clasificaría al mundial de Rusia, y ahora nos encontramos con una situación inversa. Las elecciones se ganan, y una vez que se triunfa se discute quién tendrá más influencia o no”.

Además, puntualiza que si esa fuese la discusión, el debate no es qué partido tiene más influencia, sino cómo se representan mejor las demandas de la ciudadanía. “El próximo no será un gobierno fácil, con una izquierda que estará tensionada como sector, y donde habrá varias oposiciones, con una en el Congreso y otra en la calle. Entonces, estar pensando hoy cuál será el partido que tendrá más incidencia en el gobierno resulta estéril si no se gana la elección”.

Cassinelli afirma que el gran desafío que tendrá la coalición de centroderecha si llega a La Moneda es mantener la gobernabilidad, ya que a su juicio la estabilidad del sistema se da por sentada. “Esto dependerá de las habilidades políticas y la capacidad de llegar a acuerdos”.

Un error grave

El académico de la Universidad San Sebastián, Patricio Gajardo, califica de un error grave que el comando y los partidos de Chile Vamos estén preocupados de ver quién va a incidir más en el gobierno, que dedicados a la campaña presidencial.

“Siempre hay que apostar a hacer las cosas bien, y primero ganar la elección. Porque genera una cierta resistencia en el electorado asumir que los comicios están ganados, y por lo tanto, preocuparse de lo que pasa después”.

Remarca que eso no proyecta una imagen positiva hacia el electorado, en cuanto a decir da lo mismo por quién voten las personas, porque ya está resuelta la elección. El especialista indica que eso no es así.

Recuerda que efectivamente el primer gobierno de Piñera se caracterizó por tener un mal manejo político, reconocido por Chile Vamos, y en que hubo una mala relación con los partidos. “Entonces, esto de mostrar antes de la elección que hay una pugna en las colectividades por ocupar un espacio de incidencia, revela no haber aprendido la lección”.

El investigador dice que en esta oportunidad Piñera puede ser un factor más ordenador de la coalición, que lo que fue en la campaña de 2009, ya que su liderazgo es más sólido. “Pero lo que no se está notando es un Piñera que esté ordenando a sus partidos. Pareciera que los partidos intentan pautear al candidato, y eso es muy negativo, ya que lo debilita”.

Añade que no es bueno que los partidos aparezcan con capacidad de chantaje hacia el candidato, como decir, por ejemplo, que se va a detener cualquier intento por establecer una agenda liberal. “Esto es como colocar un corsé al postulante, lo cual es inapropiado”.

Gajardo señala que los partidos apoyan a un determinado candidato, o tienen una postura de oposición a determinado aspirante, por lo tanto, cuando las personas votan por parlamentarios de esas colectividades, lo hacen en función de la posición de esos partidos frente al gobierno que salió elegido. “Aquí debe haber un grado de coherencia de los partidos respecto a su rol ante un determinado gobierno”.

El analista concluye indicando que si Piñera es electo, deberá manejar muy bien los equilibrios entre los partidos para que no tenga los mismos inconvenientes de su primer mandato.

Fuente: Carlos Cuadrado S./El Muro