Nº 84 XIX Congreso Nacional de Partido Comunista Chino

Entre el 18 y 24 de octubre, 2.280 delegados provinciales, representando a los 89 millones de miembros del Partido Comunista Chino, se reunieron en el Gran Salón del Pueblo ubicado en la Plaza de Tiananmén para celebrar el XIX Congreso Nacional del Partido Comunista. La cita, que desde 1977 se realiza cada 5 años, renovó hasta los 10 años el período de Xi Jinping como Secretario General del partido y a Li Keqiang como segundo al mando del Comité Permanente del Buró Político. Paralelamente, el congreso partidario también aprobó la lista de miembros de la Comisión Central de Inspección Disciplinaria y al Comité Central, el que a su vez eligió a los miembros del Buró Político y su Comité Permanente.

Si bien este evento no está explícitamente orientado a comunicar la política interna o internacional de la potencia asiática, las decisiones dogmáticas y políticas alcanzadas en dicho encuentro nos darán a entender las dinámicas de poder internas del partido único de China, y nos prepara para las decisiones que tomará durante la primavera la Asamblea Popular Nacional. Importante es entonces conocer esta realidad que nos parece tan ajena, pero de vital importancia para el provenir de nuestro principal socio comercial y actor protagónico dentro de las dinámicas de poder en la región Asia-Pacífico, foco de la política exterior de Chile.

Gráfico 1: Exportaciones por destino y sector, 2016

Fuente: DIRECON

Central para el futuro de nuestra relación será comprender la nueva etapa de desarrollo en que entrará el “país del centro”. Distinto a los grandes esfuerzos realizados por el pueblo chino desde los ochenta, donde el crecimiento basado en la industrialización y la mano de obra barata eran identificados como la única ruta para abandonar la pobreza, la China de los

próximos años espera basar su nuevo modelo de desarrollo en crecimiento eficiente y de calidad.

Ya alcanzada la posición de segunda economía mundial, los líderes chinos no esperan fijar tiempos concretos ni alcanzar objetivos expansivos determinados, como aquellos que en el último tiempo les llevaron a doblar el tamaño de su economía de manera veloz. Por el contrario, esta nueva visión les lleva a moderar sus expectativas de tasas de crecimiento del PIB, al mismo tiempo que propicien el establecimiento de una industria de alto ingreso, basada en la innovación, y que los lleve a una nación socialista mayormente desarrollada cerca del año 2035, en línea temporal con los objetivos del desarrollo sustentable de Naciones Unidas.

Los movimientos en esta dirección ya han comenzado desde hace algún tiempo, y decidor es por ejemplo que desde 2013 exista un esfuerzo consciente por invertir en compañías tecnológicas internacionales, alcanzando entre 25 y 30 mil millones de dólares en sólo 6 años. A diferencia de otros sectores tradicionales, el tecnológico eso sí contiene algunas particularidades que han sido bien controladas por parte del régimen chino, tales como su característica flexibilidad y aversión por la regulación, factores que el gobierno ha podido mitigar generando incentivos institucionales, de subsidios, tributarios y otros para controlar y premiar a quienes desarrollen negocios en el área, claro está, en sintonía con la visión del liderazgo político chino.

Este giro no debería impactar de manera negativa nuestra relación comercial con el gigante asiático. Si bien, la fijación de objetivos moderados impacta en cierta medida en la ya acostumbrada rápida expansión que ha hecho de nuestros commodities apetecidos y bien pagados por China, no es menos cierto que el nuevo modelo de desarrollo requiere de infraestructura avanzada, y las alternativas de expansión externa que implican iniciativas como La Franja y La Ruta requerirán también de altos volúmenes de construcción a lo largo de vastas extensiones de territorio.

Por lo demás, la concepción China de su nuevo proyecto de desarrollo reside principalmente en el éxito de la globalización y el crecimiento global. Podemos esperar que Beijing siga ocupando la posición de defensor de la integración regional frente a los nuevos movimientos nacionalistas y proteccionistas que observamos en otros países tradicionalmente abiertos a los procesos de apertura económica y comercial. Lo mismo es de esperar en cuanto al apoyo al fortalecimiento de las iniciativas multilaterales, siempre y cuando estas no involucren mayor intervencionismo o neo-intervencionismo como han definido los chinos a los eventos que se arrastran desde el involucramiento internacional en Libia y Siria.

El sustento político y filosófico de este nuevo modelo encontrará su base en la doctrina del propio Secretario General Xi Jinping. Su Pensamiento Político Sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era es el legado que el líder del país ha plasmado en la propia constitución del partido comunista chino, hecho que eleva su figura al nivel de Mao Zedong (1945) o Deng Xiaoping (1997), únicos líderes que han visto su pensamiento recogido por la carta fundamental del partido gobernante.

¿Cuáles son los principios que busca implementar la doctrina de Xi Jinping? En primer lugar, la búsqueda del Partido Comunista será reforzar su rol central en la economía y sociedad China, ubicándose en una posición de liderazgo por sobre toda forma de trabajo, fomentando la práctica de los valores centrales del socialismo, incluyendo el marxismo, comunismo y el socialismo con características chinas, y mejorando la disciplina interna del partido. Esta búsqueda por volver a los principios centrales del proyecto comunista chino propiciaría un enfoque centrado en el pueblo, el cual se basa en el respeto por el estado de derecho y el reconocimiento de la soberanía popular al centro del interés nacional. Todo lo anterior es alcanzable sólo en la medida que se dé continuidad a las profundas reformas que ya se han practicado.

En términos económicos, esto significa que los esfuerzos estarán puestos en mejorar las condiciones de vida y el bienestar personal como objetivos primarios del desarrollo. Lo anterior deberá estar basado en el avance científico, fuente de innovación, crecimiento abierto, verde y compartido. Al mismo tiempo, existe una fuerte convicción sobre la necesidad de seguridad ecológica, que debe ser alcanzada mediante la conservación energética y la protección medioambiental.

Los principios antes mencionados tienen una implicancia internacional clara. China se encuentra hoy en una inmejorable posición para presentarse no sólo como un actor que simboliza los anhelos de cooperación e integración de los países en desarrollo, sino que se encuentra capacitado hoy para exportar un modelo alternativo que no requiere de instituciones democráticas para ser exitoso.

Lo anterior está en línea con la doctrina de Xi Jinping que pone al frente el fortalecimiento de la seguridad nacional. Reclama así para el partido el control y liderazgo absoluto sobre el Ejército de Liberación Popular, y ofrece un destino común para el mundo basado en un ambiente de paz internacional. No obstante aquello, al centro de esta doctrina encontramos la aspiración de alcanzar la política de reunificación de “una sola China” y el consenso de 1992 sobre Taiwan.

Con todo lo anterior, Xi no sólo logra diferenciarse de sus predecesores Hu Jintao y Jiang Zemin, sino que asegura una continuación de su doctrina política y militar por parte de quienes le sucedan. Esta doctrina que viene ensayando desde 2012, representa un retorno a los valores centrales del comunismo chino en lo local, y busca mayor poder de decisión por parte de los actores emergentes en el concierto internacional. Aparejado a esto, Xi también ha realizado cambios en el politburó que permiten proyectar su obra, integrando personas leales a su figura y quitando del paso a quienes se perfilaban como posible recambio, pero que contaban con perfil propio y ansias de iniciar su propio camino.

Instrumental a esto ha sido la lucha contra la corrupción que el liderazgo chino ha debido enfrentar entre sus propias filas. Durante la última década hemos sido observadores de variados escándalos que han salido a la luz pública, los que han contribuido tanto a erosionar la confianza en los miembros de la cúpula partidista como también cementar la posición del Secretario General como una figura capaz de apartar y sancionar a algunas figuras importantes. La mayor amenaza para el debilitamiento del partido ante la opinión pública se ha convertido así en una herramienta política para resolver las disputas por el dominio dentro de la organización.

Conclusión

El XIX Congreso del Partido Comunista de China no ha traído consigo importantes innovaciones en cuanto a las definiciones de política que hemos observado a lo largo del mandato de Xi Jinping. Por el contrario, la cita llevada a cabo en Beijing no ha hecho más que confirmar el liderazgo del Secretario General y cimentar al nivel constitucional del partido los principios bajo los cuales ha trabajado y acrecentado la posición internacional del país asiático desde su llegada al poder en 2012.

Al mismo tiempo, los ajustes internos, la salida de figuras que ya han cumplido la edad para retirarse de la primera línea de gobierno, y la aplicación de medidas anticorrupción para perseguir a sus adversarios y sucesores políticos hacen de esta doctrina socialista con características chinas un giro en el modelo de desarrollo que podrá ser comparable a lo hecho en su momento por Deng Xiaoping y su apertura al mundo.

Sólo entendiendo la trascendencia de la doctrina dejada por Xi es que Chile podrá responder de mejor manera a las próximas invitaciones del régimen chino para incorporarse a iniciativas como el acuerdo de libre comercio del Asia Pacífico, el futuro de la integración económica de la cuenca oceánica post TPP, y también lograr una posición internacional coherente ante las futuras controversias que se avecinan en el escenario geopolítico del mar del Asia del este.

Nuestro principal socio comercial se encuentra institucionalizando su más reciente plan de desarrollo, y es vital importancia reconocer las oportunidades que se abren para profundizar aún más la exitosa relación entre ambas naciones. Chile como anfitrión de APEC 2019 debe adaptar los objetivos de dicha cita a las nuevas temáticas que surgirán a partir de las definiciones del segundo mayor actor regional.

AUTOR: Antonio Canale-Mayet, Cientista Político.